Al Lector; por María Antonieta Montecinos

Esta biografía ha nacido de la necesidad, en primer lugar, de dar a conocer a mis hijos y descendientes, la historia de mi vida,...Leer Más>>>

viernes, 4 de junio de 2010

La soledad, la sensación de vacío.


Aunque lúdico, el relato del cambio de colegio refleja un profundo dolor. Muchas veces los cuidadores o padres subestiman la importancia del ambiente, las rutinas y los hábitos en los niños. Es un fenómeno habitual que las personas se confundan ante la precocidad con que muestran algunos niños pensamientos aparentemente adultos, creyéndolos capaces de comprender más allá de sus posibilidades neurológicas. Un niño o niña de 10 años puede sonar como adulto, exigir como adolescente y ser dependiente como un infante, pero es un niño o una niña de 10 años.
En esta etapa podemos apreciar el comienzo del desarrollo de pensamiento abstracto, a lo menos en el caso de Antonieta, se evidencia el comienzo de la capacidad de introspección, es decir, la capacidad de poder mirarse a sí misma.
Hasta antes de esta etapa, los niños sólo son capaces de comprender las cosas de manera concreta, no se puede ni pensar en el futuro, ni en lo que fue el pasado, sólo se vive en el presente.
En este capítulo podemos ver que comienza el cuestionamiento respecto del sentido de los cambios, comienzan las dudas sobre el propósito de las acciones de las personas significativas; su madre y padre.
Las buenas intenciones pueden transformarse en vivencias muy positivas, siempre y cuando puedan ser comprendidas por los niños, la comunicación entre quienes componen una familia es primordial. Y al hablar de comunicación hablamos de compartir en profundidad las experiencias y sentimientos, el hecho de verse en el transcurso del día no significa estar juntos o compartir. Las miradas, los gestos, los modos de hacer las cosas; todo comunica.
Cuando la comunicación es poco fluida y los motivos de las acciones se van sintiendo cada vez más alejadas de uno mismo y sin sentido comprensible, la soledad y el aislamiento comienzan a formar parte importante del mundo interior, las únicas explicaciones posibles ante la imposibilidad de integrarse son “no soy capaz” o “no soy lo suficientemente buena”. Pues en la mente de un niño o niña no se contempla el hecho de que son los adultos los que le tienen que enseñar a vivir y desenvolverse en el mundo.
Este hecho va generando una merma importante en la autoestima y una difícil construcción de identidad más adelante en la adolescencia.
Leer más...

jueves, 3 de junio de 2010

CAPITULO 23: “Mi Amiga Ximena Mandiola”

1950, 10 años

   Después de almuerzo, salí muy triste, a ver a mi amiga Ximena, una muy buena amiga del barrio. Era una amistad bien especial, no teníamos la misma edad, yo tenía 10 años y ella 14 años. Pero, cuando la necesitaba iba donde ella y me ayudaba. Ella no tenia amigas en el barrio, era muy inteligente y estudiaba en “La Maisonette”.

   En cuanto entré, Ximena notó mi ánimo.

    “¿Qué te pasa Toñi, por qué esa carita?”, entramos a su dormitorio y yo necesitaba desahogarme con tal angustia, que me abracé a ella y me puse a llorar a sollozos. Le conté todo, ella era mi amiga y yo le tenía mucha confianza.

   Ximena, era una persona práctica y positiva. Decía: “Los problemas se solucionan pronto y si son irremediables, nada se saca con llorar sobre la leche derramada”, decía.

   Si tus padres tomaron esa decisión, no hay vuelta atrás.

   Yo lo único, que te puedo ofrecer es ayudarte en Castellano y matemáticas, para que te pongas al día pronto.

   “¡Levanta ese ánimo Toñi, tu eres una niña muy inteligente!”

   “Preocúpate solo de superarte, para estar a nivel del curso, lo antes posible”.

   “Aprovecha al máximo las clases de la madre”.

   “Estudia todo lo que te enseñé, ten solo ese objetivo”.

   “Olvídate de todo lo demás. No te importen tus compañeras, toma lo positivo, que se te está ofreciendo”.

    Además ese Colegio es muy bueno, tendrás una excelente educación.

    “Aprovecha todo lo bueno, que este Colegio te ofrece”.

    “Tus padres solo quieren lo mejor para ti".

     Todo lo que vayas aprendiendo en la vida, guárdalo, atesóralo, “no olvides nada bueno que te pase”: aprovecha el Inglés, los recuerdos hermosos, lo grato de tus amigos, tus mises.

     Y también lo bueno, que aprendas en este nuevo Colegio. Comienza por aprovechar, lo que te ofrece esta Madre Sotomayor.

     “Ponerte a nivel, esa es tu meta”.

         Volví reconfortada con los consejos de mi amiga.


Leer más...

CAPITULO 22: “La Entrada a mi nuevo Colegio, Compañía de María”

Año: 1950, edad: 10 años

   Llegué a mi primer día de clases con mi hermana. El uniforme era un vestido azul con tirantes y una blusa blanca, manga larga, un sombrero azul, calcetines larga azules y una capa azul, larga hasta la falda.


   Unos zapatones negros y pesados. Me sentía como en una “camisa de fuerza”, con aquel uniforme tan pesado, obscuro y feo.

   Ni pariente a mi Jumper holgado con unas tablitas delante, mi blusa blanca manga corta y mi corbata roja, calcetines cortos y unos zapatos livianos. Además en clase no usábamos delantal, aquí había que usar en el colegio, un delantal largo, abotonado de arriba abajo y un cinturón.



   Apareció la madre Sotomayor, me tomó de la mano y me puso en una fila. Yo jamás había hecho filas, éramos solo 15, no se usaban las filas.

   Toda la fila, me miraba, era una alumna nueva.

   Todos los cursos estaban en filas, con una monja. Dieron la orden de entrar en fila por curso a la capilla. Yo nunca había visto una Iglesia por dentro. Había cantidad de estatuas y un altar, el fondo. Arriba había un Coro de niñas cantando y había al costado del altar, una Virgen con flores.



   Luego la monja empezó a rezar el Rosario, que ahora sabía que se llamaba “Rosario”, lo que le colgaba de la cintura a las monjas y también a la Virgen.



   Después empezó una monja a rezar por trazos y las niñas le contestaban. El rezo no terminaba nunca. Cuando terminó el rezo, dieron la orden de salir por cursos. Luego cada curso iba a su clase.



   Había un enorme patio, con las salas de clase alrededor. También una estatua de la Virgen en el centro del patio y muchas rosas y otras plantas, palmeras, etc.



   Entramos a clase, de una en una y cada alumna se quedaba de pie, en su puesto. Yo pensaba:
   “Stand behind your chair”. Luego la monja me asignó un puesto e hizo una oración y antes que se sentaran, me presentó al curso, dijo mi nombre y que venía de un Colegio Inglés, así es que pedía que fueran amables conmigo, porque mis estudios habían sido diferentes.



   Luego dió la orden de sentarse. Se escuchó un cuchicheo y todas me miraban, como si tuviera monos en la cara.



   Allí, comenzó mi calvario. Era una clase de “Castellano” y no entendía casi nada lo que estaban enseñando.

   La monja hizo repetir a todo el curso en voz alta, un montón de palabras de memoria. Eran las “preposiciones”. Yo no entendía nada de lo que estaban repitiendo.

   Entonces la monja, me puso una hoja que decía:

   “Las preposiciones”: (Las recuerdo hasta hoy)
a-ante-bajo-cabe-con-contra-de-desde-en-entre-hacia-hasta-para-por-según-sin-sobre-tras-mediante-durante y so.

   Y me las tenía que aprender todas de memoria.



   Tocaron la campana, cada una guardó sus cuadernos dentro de sus pupitres y salieron a recreo.



   Todo era tan diferente, todas en fila, cada una en su pupitre y éramos 40 alumnas. Yo recordaba mi humilde Colegio con 15 alumnas por curso y todas sentadas alrededor de dos mesas largas.



   Yo me quedé sola, me acordé de mi Nana, que me había echado un plátano en mi bolsita y me lo empecé a comer. Quería ir al baño, pero no sabía dónde quedaba y por miedo a preguntar, me aguanté.



   Yo estaba sola, nadie se acercó a mí.



   Yo no hallaba qué hacer, no conocía a nadie. No sabía dónde estaba mi hermana.

   Comencé a recordar mi Colegio, a mi amiga Silvia, cuanto la echaba de menos. También a mis Misses, mis compañeras, Manuel, Miss Flory con su acordeón, sus salas pequeñas, la casa tan acogedora.



   Yo me sentía perdida, no me gustaban esas niñas que ni me hablaban, ni jugaban conmigo, ¡Eran todas pitucas y burlonas!”. Además me sentía como huérfana sola y con ese horrible delantal tan largo.

   En eso, estaba soñando, afirmada en un pilar y apareció, por fin, mi hermana, que venía con unas amigas: “¡Hola”, dije “Por fin llegas, no hallaba con quien hablar!¡”.

   Ellas me llevaron a un 3º patio, donde había una monja, que por una ventana, vendía caramelos, queques, pasteles, chicles, chocolates, galletas… Todas las niñas venían en el recreo a comprar aquí. Pero yo no tenía dinero. Alicia me regaló un chocolate y me preguntó: “¿Te gusta el Colegio?”
   Yo no alcancé a responder, ella me miró como adivinando, cómo me sentía y respondió sola: “¡Ya te vas a acostumbrar!”

   Después vino una clase, que se llamaba “labores”, donde las niñas bordaban con un aro y tenían hilos de distintos colores, que guardaban en una bolsita.



   La madre se acercó a mí y me dijo: “Mira, toma esta aguja y haz esto”, y comenzó a enseñarme el punto cruz. Yo me puse a tratar de hacerlo, pero me equivocaba y me costaba. Fue una empresa titánica, porque yo nunca había bordado. La madre me lo deshacía y me lo volvía a deshacer. Las compañeras se reían disimuladamente, de mi torpeza, y se reían porque la madre, me tenía que enseñar cosas tan fáciles.



   Yo, mientras tanto, miraba de reojos sus bordados llenos de colores y tan bonitos y los encontraba maravillosos y me sentía como una tonta porque yo era la única que no sabía bordar y me costaba.

   Así pasó la mañana y por ser primer día, no teníamos que volver en la tarde. Yo estaba contenta de poder salir al fin y cuando llegamos a la casa, me fuí directo al baño porque no había ido en toda la mañana.

   Fuí corriendo a mi casa, a sacarme ese uniforme rápidamente, esos zapatos “Bata”, apretados y me enfundé mis jeans con una polera roja y mis zapatillas, como siempre andaba, me tiré a la cama, estaba agotada y eso que tuvimos solo ½ jornada.



   Primera vez, en mi vida que llegaba “agotada” de un Colegio, ni feliz como antes llegaba, si no que era como salir de la cárcel al fin.

   “Libertad”, “libertad”, sentía.

   Me quedé tirada en la cama, mientras desfilaban toda clase de imágenes: ese edificio tan grande, tan feo, gigantesco, frío, esas monjas todas vestidas de negro y tan serias, dando puras órdenes. La que nos hizo entrar a la capilla, ni habló, ordenaba con una caja de madera, que sonaba como castañuela y todas la obedecían, cuando ella hacía sonar ese aparato.

   Era la prefecta, era española y no se sonreía ni por casualidad.

  Recordaba mis compañeras, que se reían de mí en labores y Castellano. Mi soledad en el recreo. El abandono en que me dejaron, la Capilla con ese rezo tan largo, las filas y tantas alumnas en el curso.

   “¿Con quién iba a jugar?, todas estas imágenes giraban y giraban en mi cabeza.

   Lloré, lloré, hasta que me quedé dormida.

              Ese fue mi primer día de clases

   No recuerdo, si en la casa, alguien me preguntó cómo me había ido en el colegio o algo parecido.
   ¡Era un día importante, era mi primer día de clases, en un Colegio nuevo!
   Sí, era mi primer día de clases y solo sabía que ya no volvería a ser como antes.

   Yo sentí, que ese día sepulté mi felicidad, para entrar a una vida extraña para mí, donde yo no tenía cabida. Esta nueva vida, me inspiraba pavor, yo no era nadie, era un punto, en el universo.

   De pronto, sentí una mano que me zamarreaba y me decía: “Ya pues, despierte, que voy a servir el almuerzo”.
   Ella me miró de reojo y no me quiso preguntar nada, solo me dijo:  “Ya pues, levántese, lávese esa cara y péinese”.
   Cuando me miré al espejo, comprendí porqué María, me mandó a lavarme la cara, se notaba a leguas, que había llorado mucho. Me peiné, lavé mis manos y cara muchas veces, para que no se notara, que había llorado, al sentarme en la mesa.



   Yo creo, que nadie se dio cuenta, cómo me sentía, excepto María y mi hermana, que me miraban en silencio.



   Mi tía Marta, me preguntó, riéndose: “¿Y qué pasa que no estás alegre, tienes un lindo Colegio nuevo y esa cara?”.

   Mi mamá, alegremente comentó que las monjitas eran tan buenas, que me iban a hacer clases gratis de Castellano y Matemáticas, para nivelarme, porque estas gringas de ese Colegio pichiruchento, me habían enseñado mal matemáticas y no me habían enseñado nada de Castellano. “¡Menos mal que me la recibieron en el Colegio, vieran todo lo que costó para que decidieran dejarla!”.

   “¡Yo les voy a llevar unos chocolates a las monjitas, yo se que a ellas le encantan los chocolates!”.

   Mi padre no hizo ningún comentario. Lo único que dijo: “Es el mejor Colegio de Santiago, por algo le dicen “La buena enseñanza”.

   Alicia me miraba y dijo como molesta: “Tan mal no le habrán enseñado, puesto que la pasaron a 4º año. Y con la ventaja del Inglés, que es muy importante saber Inglés”.

   Nadie, agregó nada, ni me preguntaron nada.

   Cuando llegó el postre, María, para animarme dijo: “Toñita, le hice el postre que a usted tanto le gusta”.
Leer más...

domingo, 30 de mayo de 2010

Agradecimientos!

Gracias por el estímulo de leer mis capítulos!!

Lo que mueve a escribir es conseguir que los lectores se alegren, se rían, y les sea provechosa esta historia de mi vida que siempre anhele compartir. Además me hace mucha ilusión que las opiniones de mis psicólogos puedan servir a gente que no tenga acceso o no se atreva comenzar una terapia. Siempre quise ser útil a otras personas y que el relato de mi vida sirva a quienes han vivido cosas similares, me hace sentir una dicha enorme, cumpliendo con la necesidad de compartir mis experiencias que hasta hace poco y por casi 70 años solo compartí con mi diario.
Leer más...

Plan de Publicaciones

Les contamos que estamos muy contentos de la recepción y acogida que ha tenido nuestro blog. Agradecemos de todo corazón el respeto con el que abordan estos temas que son tan serios y para nosotros merecen tanto cuidado y amor por tratarse de la vida de una persona. Les contamos que para fines de fluidez, decidimos comenzar a actualizar el blog todos los viernes, de modo que quienes nos leen y siguen las historias sepan que el viernes encontrarán información nueva y respuesta a los comentarios. Nuevamente les invitamos, además, a contactarnos directamente a nuestro correo electrónico coterapia@gmail.com
Muchas Gracias y Seguiremos Atentos a sus Requerimientos!
Leer más...

viernes, 28 de mayo de 2010

CAPITULO 21: “El Impacto del Cambio de Colegio”; El Exámen de Admisión.

1950, 10 Años

   Cuando cumplí 10 años, mis padres decidieron cambiarme de Colegio, para que fuésemos juntas con mi hermana.
   Era un Colegio de Monjas “La Buena Enseñanza” o “Compañía de María”, como fue conocido mas tarde. Quedaba en Providencia con Plaza Italia. Yo no sabía nada de Monjas ni de religión. Las gringas no enseñaban nada de eso. Yo no quería por nada del mundo cambiarme de mi “Colegio San Gabriel”, donde era tan feliz. Amaba mi Colegio, mis profesoras, mi amiga Silvia.

   Todo me encantaba, las clases de música de Miss Flory con acordeón, el inglés, el Estadio, mis amigos. La alegría, la libertad, el valor que una tenía como persona, los cursos chicos de 15 niños en una casa acogedora, que solo tenía 3 salas: kínder, 1º y 2º. Por eso tuve que repetir 2º, porque todavía no existía el 3º básico.

   Pero, no dije nada a mis padres, ni la menor queja, ellos decidían esas cosas y no había nada que hacer.

   El primer día que yo entré a ese Colegio, fue para hacerme un “Examen de admisión” y ver en qué nivel de conocimiento estaba.  Yo iba tomada de la mano de mi mamá. Nos hicieron entrar a un salón gigantesco, con un techo muy alto.

   Tenía un enorme cuadro al centro.

   Yo me quedé mirando y pregunté a mi mamá: “¿Quién es?”.

   “Cállate tonta”, respondió ella.

  “No ves que este es un Colegio de Monjas, no muestres ignorancia, no hagas preguntas tontas.
   Ese es el “Buen Pastor”, es Cristo, que lleva en sus hombros a una oveja perdida. No preguntes estupideces, sino capaz que no te dejen. Grábatelo bien, me dijo pellizcando mi codo, se llama “El Buen Pastor”.

   Yo me quedé quieta, mirando a mí alrededor. Había otros cuadros más, unos enormes sillones de terciopelo, una enorme alfombra roja, una mesa al centro, que hacía juego con los sillones, que eran, medio amarillo oro. La mesa central tenía también unos adornos dorados, igual que los sillones. Arriba, una inmensa lámpara de centro, de la cual colgaban muchos cristales.

   “¿Qué son esos cristales?” pregunté a mi mamá.

   “Es una lámpara de lágrimas y ya quédate callada, porque estoy preocupada, si te van a dejar o no”

   Había transcurrido, para mí, un largo tiempo de espera por la Monja que tomaba el “Examen”

            Mi mamá estaba muy tensa y ansiosa.

   Yo no hacía más que mirar todo, con gran asombro. Era una habitación obscura y como incómoda. Luego, llamaron mi atención unas ventanas de vidrios de colores, que parecían rompecabezas, representaban figuras: una copa, una oveja, un señor, una señora, una azucena, una paloma como con el sol.

   Le pregunté a mi mamá, “¿Qué son esos vidrios de colores como de cristales, que tienen dibujos?”

   “Te dije que no hicieras más preguntas, cabra de porquería” dijo.  “Esos, no son vidrios, sino vitreau

   Al fin apareció la Monja que venía con unos papeles largos en la mano, yo nunca había visto hojas tan grandes, nosotras en mi colegio solo usábamos cuadernos chicos y ahí, hacíamos los exámenes”

   Me quedé observando a la Monja, toda vestida de negro, con falda hasta el suelo, con un velo negro en su cabeza y algo blanco que tapaba su frente, y cuello que le llegaba hasta el pecho. Tenía un inmenso Crucifijo colgando y unas pelotitas agarradas de un cordel largo, que también terminaba en un crucifijo más chico, que le colgaba de la cintura. Las mangas eran largas y negras, del vestido. Tenía una cara seria, ni pariente a mis misses.

   Saludó y luego hizo salir a mi mamá a otra sala.

   “¿Postula a 3º?, preguntó a mi mamá. “¿No?”.

   Ella se acercó a una mesa y me hizo sentarme en una silla, muy alta. Me pasó una de las hojas largas, que arriba decía: “Castellano”. Y me dijo: “Tienes que contestar estas preguntas”.

   Yo leí las preguntas y no entendí palabra.

   Preguntaba sobre unas palabras agudas, graves, etc. Que a mí nunca me habían enseñado en mi Colegio. Luego me pasó un trozo de una narración escrita con unas preguntas acerca de la narración. 
 
   Yo leí y respondí rápidamente y le devolví la hoja.

   La monja tomó la hoja y exclamó: “¿Qué es esto?”, “¿Por qué respondiste en inglés?”

   “Porque yo estaba en un Colegio Inglés y todo me lo enseñaron en inglés, en castellano, me demoro mucho en contestar”. Dije.

   La monja se llevó la mano a la cara, pensó y me dijo: ¿Entonces todas las materias las vas a responder en Inglés, incluso matemática?”

   “Si, respondí, todas las clases eran en Inglés.”

   Entonces ella me dijo: “Espera un poquito”. No me pasó ninguna otra hoja más y salió.
   Al rato volvió con otra monja, me saludó amablemente y me pasó otra hoja, que arriba decía “III básico, Matemática”
   La respondí, con la misma velocidad que la primera y se la entregué. Ella leyó la hoja y comentó con la otra Monja “Los resultados son correctos, pero ella hace las operaciones de otra forma”.


   Luego comentó: “¡Para qué le pasamos la de Inglés!”
   Luego me hizo leer y escribir. Me puse nerviosa, porque yo solo en la casa conversaba en castellano pero leía y escribía solo en inglés. En el Colegio no nos permitían, ni siquiera para ir al baño, hablar en castellano, si no sabias pedir permiso en ingles, “te hacías” no más.
   Traté de explicar esto, en pocas palabras a las Monjas.

   Mi lectura y escritura en castellano eran “pésimas”.

   Ellas comentaban “Lee como una niña de 1º básico”. Se volvieron a cuchuchear entre ellas.
   Luego una me dijo: “A ver, lee esta misma lectura en Inglés y después la escribes”.
   Comencé a traducir primero, termine rápidamente. Lo leyó la monja.
   Luego lo leí en inglés, más rápidamente.

   Despuès llamaron a una 3º Monja, que era la que mandaba el Colegio, conversaron con ella, le explicaron el problema. Ella leyó mis exámenes y dijo:



   “Sabes, te vamos a dejar en IV básico, te vas a saltar el 3º, porque tú ya sabes esas materias, pero, antes vamos a llamar a tu mamá”.
   Vino mi mamá y la monja, que la llamaban “Madre Superiora”.
   Le dijo: “Mire, señora, su hija es muy inteligente, la dejaremos”.

   La superiora, pareció adivinar el desconcierto tanto de mi madre como mío. Ella captó nuestra intriga, sonrió y dirigiéndose a mi mamá le dijo:

   “No se preocupe señora, su hija no tiene ningún problema, solo que en el anterior Colegio le enseñaron puro Inglés y nada de Castellano.
   Por eso, hay que nivelarla, ella es muy rápida para captar y se encuentra en todo lo demás apta para 4º básico, no queremos retrasarla”.
   “Ya verá, que la Madre Sotomayor, muy pronto, la sacará adelante”.
   “Ni tendrá nada extra que pagar, Madre Sotomayor se ha ofrecido a ayudarla”.
   “Quédese tranquila”.



   Puede matricularla en 4º básico. Y dirigiéndose a mí, me dijo: “Vas a tener que estudiar mucho;” la Madre Sotomayor es muy estricta” dijo riendo. Luego me acarició la barbilla.



   “De todas maneras dominas el Inglés a la perfección, te felicito”.



   “El Inglés es necesario para muchas cosas”.

   Y se retiraron todas, luego de despedirse.

   Mi mamá quedó muy contenta y me dijo:
   “Aquí, sí vas a tener que estudiar mucho, este es el mejor Colegio de Santiago. Yo también me eduqué con monjas; en las “Monjas Alemanas”.

   “Yo no sabía si estar triste o alegre. Pero estaba contenta de ver a mi mamá tan feliz”
Leer más...

miércoles, 26 de mayo de 2010

Comentario de cierre de los Capítulos de Infancia. Por Ps.Fabiola Soriano y Ps. Miguel Socías.

En estos primeros veinte capítulos, María Antonieta nos abre la puerta a descubrir su infancia; todas sus aventuras, sus alegrías, tristezas, las incertidumbres y los miedos de niña. Podemos observar que ya desde pequeña posee un carácter y una manera particular de vivenciar su entorno.
Las personas si bien traemos una herencia genética, tenemos una manera especial de situarnos en el mundo y de vivir en él, de sentir, pensar y actuar. En familias con más de un hijo podemos ver que no obstante los niños reciben la misma educación y valores de sus padres, su manera de actuar en la vida puede ser muy diferente.
Los niños y niñas tienen un complejo mundo interno, en los relatos de Antonieta podemos apreciar cómo guarda en su memoria (que no está sólo en la cabeza sino en todo el cuerpo) el registro cognitivo y afectivo desde etapas muy tempranas, de ahí la importancia del cotidiano, del día a día, porque a diferencia quizás de lo que se piensa en cuanto a que los grandes momentos hacen la diferencia en la vida, son los días comunes, esos que pasan y pasan con las personas que componen nuestro mundo, los que son decisivos. Porque de las personas que componen nuestro mundo aprendemos o no aprendemos a reconocernos, a conocer a los demás, aprendemos o no a identificar y expresar emociones, aprendemos o no aprendemos hábitos y rutinas.
Un día quizás común para un adulto, puede ser el día que marcó una diferencia significativa en un niño, piénselo un momento, quizás un recuerdo suyo que tiene un valor para usted fue un día en que estaba en la cocina con su abuelita y esta le dijo algo bonito, o estaba con su padre y él lo felicitó, o su mamá en un momento le dijo que lo quería, quizás en el colegio alguien le hizo una burla y usted lo creyó hasta el día de hoy...
Cuando nos encontremos con un niño, tengamos en consideración que el modo en que lo tratemos puede marcar una diferencia crucial en su vida.
Ahora, le invitamos a continuar leyendo Leer más...

miércoles, 19 de mayo de 2010

Capitulo 20: “La Turca”; una dolorosa experiencia.


Año: 1949, edad: 9 años

   Sucedió que cuando estaba en 2° básico en el San Gabriel, teníamos una compañera Turca, que siempre andaba detrás de mí, queriendo hacerse amiga, porque nadie en el curso se juntaba con ella. Unas decían que hablaba raro, que tenìa olor a ajo, o que era ronca y hedionda.
   En los juegos nadie quería ser pareja de ella. Yo veía que la pobre andaba sola, sin ninguna amiga y me dio pena. Comencé a hablarle, a jugar con ella, a veces porque me daba lástima.
   Un buen día ella me invitó a su casa a tomar once, yo tenía un poco de temor, porque no conocía a sus padres y vivía en otro barrio. Yo jamás había visto un turco y se me imaginaba que me podían hacer algo. Lo pensé muchas veces antes de aceptar su invitación, pero ante tanta insistencia, no fui capaz de decir “NO”, no quise ofenderla. Al fin aceptè su invitación, pero con mucho recelo.
   Ella vivía en un cité, era una casa pobre en un 2° piso, en el conventillo los niños jugaban a la pelota, todos cochinos y nos pasaron a llevar, por poco me botan de un pelotazo en la cabeza. Mi amiga los insultó con un rosario de garabatos. Todas las casas eran iguales, de 2 pisos y muy chicas, en los balcones había ropa tendida colgando, las mujeres hablaban a todo grito, de un balcón a otro y en forma ordinaria. Muchas de ellas hablaban otro idioma, después me di cuenta que era el mismo que hablaban los padres de mi amiga, o sea, en ese conventillo parecía haber muchos turcos. Había muchos perros y gatos.


   La casa de mi compañera tenía olor desagradable, como a comida, a ajo, a encierro y a polvo.
   Además el living tenía una ventanilla chica, por donde no entraba el sol, haciendo el ambiente muy sombrío y frío.

   Me hizo sentarme en el sillón del living-comedor, que estaba sucio, mal olor, roto y lleno de pelos de gato. Yo miré el sillón y no me quise sentar en él, me senté en una silla del comedor y comencé a mirar a mi alrededor y me di cuenta, que no había ningún cuadro, ningún adorno, solo ceniceros llenos de colillas de cigarro, que ponían mas hediondo el ambiente. Me sentí incòmoda, asustada. Mi amiga había ido a buscar su muñeca para mostrármela.

   De repente sentí unos gritos de hombre y otros de mujer, que venían de la cocina, que hablaban en turco y peleaban a grito pelado en la cocina y se decían garabatos, eran sus padres.

   Mi amiga cuando los escuchò pelear fue a la cocina y seguramente les dijo que estaba yo en el living, porque enseguida se callaron y la mamá me vino a saludar.

   Al papá lo ví pasar de la cocina hacia adentro sin camisa. Mi susto iba creciendo, yo jamás había oído pelear a mis padres a gritos. Pero mi compañera no le dio tanta importancia. De pronto entro la mamá al living, que estábamos viendo su muñeca, y le grito a mi compañera:

“¡Oye Jazmín, esta es la compañera que invitaste  a tomar once, así  es que ven a ayudar en la cocina!”.

   Jazmín, que estaba muy orgullosa de mi visita le grito: “Oye mamá, Antonieta es la mejor alumna del curso”.
   ¡Qué bueno! Gritò ella desde la cocina, “entonces sería bueno que te ayudara, porque tenís puras malas notas”.
   “Ven a ayudar, tu tenís que atender a tu amiga”.

   Jazmín, se fue a la cocina y yo me sentía terriblemente mal ahí, me quede sola, en el living, y  escuchaba que hablaban en turco.
Yo sentí ganas de arrancar de ahí, pero ¿Qué podía hacer?

   Luego apareció el papá al living y me puso su manota en mi cabeza, agitándomela, dijo: “Así es que tu eres compañera de Jazmín” “¿Y cómo se porta?” dijo, riendo fuerte.
   “La Jazmine tiene malas notas y no entiende nada ese inglés endemoniado”
   “No es tan fácil, dije, poco a poco lo va aprender”


   Nos sentamos a la mesa y solo había un pan grande, que yo nunca había visto en mi casa, que era como grasiento y solo había para echarle al pan una cosa blanca, que mi nana usaba para freír en mi casa, pero nunca se usaba para comerla con el pan.
   Ellos le echaban abundantemente al pan de esa cosa blanca, que mi nana me dijo que era “Manteca”
   Yo lo encontré vomitivo. Sentí un fuerte dolor de estómago, me palpitaba el corazón, sentí un miedo pánico, que me hicieran comer eso.
   “Come, come” Me decía la mamá.


   Entonces, yo sentí que empezaba a transpirar de terror, un vacío en el estómago y pensé rápidamente.
   ¿Qué hago?

   Y cuando la mamá me pasó la manteca, para echarle al pan, me paré bruscamente y pregunté, donde estaba el baño.
  “Esa puerta” dijo Jazmín, señalando una puerta sin pintura y descascarada.
   Me metí rápidamente al baño y busquè una ventana, trepé el muro y me lancè a la calle.
   Pero desgraciadamente, justo abajo del baño había una bicicleta de niño, y yo caí piernas abiertas sobre el fierro de la bicicleta.
   Sentí un dolor tan grande, que yo pensaba que me había partido en dos.
   Menos mal que el segundo piso era bajo, sino me mato.

   Me levanté, tratè de correr, pero no pude del dolor, me puse a caminar lo más rápido que pude, soportando aquel inmenso dolor.
   Quedaba como a 8 cuadras de mi casa, en Bellavista.
   Recuerdo esa caminata hasta el día de hoy, como el dolor y el susto más grande que había vivido hasta ese día, ¡Què dolor!
   Lleguè a duras penas a mi casa, no le conté nada a nadie y me acosté con un guatero, por si se me quitaba el dolor.

   María me llevó de comer, pero yo sentía nauseas y no quise comer, escondida entre las sábanas lloraba y lloraba.
   Nadie se enteró de nada, y cuando venían a verme me hacìa la dormida.
   Ni a mi hermana le conté, soporté el dolor heroicamente. Al día siguiente, apenas podía caminar al colegio.


   Se me acercó la pobre Jazmín a preguntarme, què me había pasado, no le contestè nada. Y no le hablé nunca más.




PD:Este capìtulo yo lo llamo; una dolorosa experiencia, una de las màs intensas de mi infancia, donde yo actuè guiada por el miedo, pavor, que me daba no por "la pobresa" sino por el ambiente desconocido para mì, el lenguaje de los padres; los gritos, insultos, la suciedad de la casa y sobretodo que el padre se presentara sin camisa a la mesa, muchas cosas que yo jamas habia visto. Ademàs mi nana siempre me decia que yo no podia comer manteca porque era veneno. Yo estaba aterrada que nos obligaran a comer eso.




Personalmente siento todavìa un gran dolor y arrepentimiento por mi actitud con mi amiga, ella era inocente y no entendiò nada mi comportamiento. Fue una de las actuaciones màs tristes y vergonzosas para mì.


Pido perdòn a Jazmìn, por mi torpe actuar.

Antonieta

Leer más...

domingo, 16 de mayo de 2010

Guía para Publicar comentarios



1.Pulse en el vínculo comentario al final de la entrada.




2. Escriba luego en el cuadro en blanco.








3. Seleccione un Perfil, puede usar su correo de gmail o solo su nombre.









4. Escriba su nombre y pulse continuar
5. Pulse Publi
car comentario.




















Leer más...

sábado, 15 de mayo de 2010

Capitulo: 19 “Mi Tía Lila”



1946 – 1975, edad 6 a 35 años.

   Mi tía era esposa de mi tío Lino, hermano de mi papá. Tenía tres hijos; Cristina - Patricio y Mariluz, de 10, 9 y 7 años, vivían en nuestra cuadra.
   Luego del fallecimiento del tío Lino, mi padre tuvo a esta tía bajo su protección con mis primos y hacia como de padre para ellos.
              Pero, mi tía Lila, merece un capítulo aparte.

  Era descendiente de españoles, buena moza, tez clara, cabello rubio, muy alegre. Muy pituca y a pesar de enviudar muy joven, jamás se quiso volver a casar, para ella, el único amor de su vida, fue el tío Lino, así es que, ella sola, educó a sus hijos. (fig. nº 1)

   Ella era una ardiente defensora de la familia, sobre todo, de sus hijos. Ella los encontraba estupendos, buenos mozos, inteligentes, todo lo relacionado con ella, era súper. (fig. nº 2)

   A Patricio, lo encontraba igual al tío Lino, que era realmente estupendo, a Cristina, la encontraba igual a Elizabeth Taylor (se parecía bastante) y a Mariluz, era regia, linda, etc.
   Hablaba sin parar y siempre exagerando las cosas a tal extremo, que todos sabíamos, que había que creerle la mitad. Era muy romántica y coqueta en sus modales, muy cariñosa.

   Hasta fue al aeropuerto, a ver a Jorge Negrete, que era, su “Ídolo”, pero volvió muy desilusionada, porque este, al ver tantas mujeres locas por él, al bajar del avión, dijo: “¿Qué pasa, aquí no hay ningún hombre, acaso?” (fig. nº 3)

   Salió uno que estaba cerca y respondió: “Si, huevón, aquí tenis uno” y le dio un feroz combo.

   Ella quedó muy decepcionada del ídolo y lo encontró “roto”, y si había algo, que ella detestaba, era a los “Rotos”

   A ella le gustaba la gente “linda”, del barrio alto, caballero, culto, buen mozo, le desagradaba la gente “rara”, como ella llamaba a los artistas, intelectuales, escritores, gente bohemia.
   En su propio edificio, vivía la familia, de Wilfred, (amiga mía) y ella no tenía simpatía por ellos.
   Yo me divertía mucho con ella, su conversación, su buen humor, su risa, sus sueños de grandeza.

   Cualquier persona conocida de ella, no era un cualquiera, era de apellido ilustre, elegante, educado, etc.
   Le encantaban las Radioteatro en radio “minería”, y en ese momento, no se le podía hablar, ni interrumpir, se los tomaba tan a pecho, que hasta lloraba.
   Ella se consideraba una dama y todo el mundo tenía que tratarla con gran deferencia.
   Se vestía con buen gusto, pese que no tenía dinero para comprarse tanta ropa, vestía a sus hijos, a la moda, porque para ella era importante la presencia y la hermosura.
   Así era ella, como una niña, llena de fantasías, aunque pasara estrecheces, decía: “Que no se note pobreza”.

   Las amistades, ni que hablar, eran “La creme de la creme”

   Cada día leía todos los enunciados de los diarios, y revistas en los kioscos y con eso, ya tenía tema de conversación para todo el día. (fig. nº4)

   Siempre alegre, contando sus historias. Era una pituca, de nariz respingada y tenía un gesto con la nariz, que siempre solía hacer, como despreciativo y burlón, tocaba su nariz.

   A mí, me encantaba oírla hablar, porque a ella y a sus hijos, siempre les pasaban cosas buenas, estupendas.
  Pero el sufrimiento de su viudez, su soledad, la escasez económica, sus angustias, penas, ella las guardaba.

   Mi tía Lila siempre nos visitaba, porque mi mamá, rara vez, iba a visitar a alguien.
   Ella quería mucho a mis padres, se sentía protegida por mi papá y ante cualquier problema, corría a pedirle ayuda a mi papá.

    Mi padre fue “tío” y “padre”, a la vez, de mis primos.

   Esta es la tía, que Silvia Goyeneche desafió cuando le pegó a Mariluz, su hija menor. (Capitulo nº 5).

   Esta tía, a pesar de parecer tan despreciativa en apariencia, tenía un corazón “inmenso”.  A mi me enseñó, con su manera de ser, a amar en primer lugar a mis hijos; a defenderlos contra cualquier daño, como una fiera.  Ella luchó toda su vida por sus hijos, contra viento y marea.

  Gracias tía Lila, por tu alegría de vivir, por tu risa, por tu optimismo, que me alentaba a seguir adelante.

  Gracias, por el hotel, que nos buscaste, cuando nos casamos con Jimmy, que ni pensábamos, ir a ningún “Hotel”, pero tú, insististe, que nos teníamos que ir a un hotel y salir de “Luna de miel”, en consecuencia, que siendo estudiantes ambos, solo pensábamos, no tener ningún gasto, (que no se note pobreza, me decías).(fig. nº 5)
 También pediste a tu hija Cristina, su casa para hacernos un cocktail.

        Siempre tú, “Subiéndole el pelo a la vida”


        ¡“Gracias tía querida por ser como fuiste” !
Leer más...

COMENTARIOS RECIENTES


De Izquierda a derecha Miguel Socías, Fabiola Soriano, María Antonieta Montecinos y James Parker