Al Lector; por María Antonieta Montecinos

Esta biografía ha nacido de la necesidad, en primer lugar, de dar a conocer a mis hijos y descendientes, la historia de mi vida,...Leer Más>>>

viernes, 9 de julio de 2010

CAPITULO 34 “MI MADRE”

Año: 1953 Edad: 13 años

   Los recuerdos que tengo de mi madre, son muy vagos, no fue una madre presente, yo tengo más memorias de mis Nanas y otros personajes que vivían en mi casa, que siempre fue, como una casa de Pensión. Mi padre siempre tenía alojados, personas que venían del Sur a trabajar a Santiago, familiares, etc.
   Mi madre, cuando vivíamos en GORBEA, entre 2 y 5 años míos, casi no la recuerdo, no sé qué hacía, solo sé que siempre estuvo de Luto, por su hermano Antonio.  Era un recuerdo, más bien triste, y lejano, que tengo de ella.  Pero también la recuerdo cuando vivimos en Siglo XX, ya a partir de los 5 años en adelante y comencé a conocerla mejor.

   Era una mujer complicada de comprender y entender para mí.  Como todo ser humano, llena de virtudes y defectos.  Yo la amaba mucho, era la persona más importante en mi vida. Siempre pensaba que iba a ser de mí, el día en que se muriera y eso me angustiaba mucho, sobre todo en mi adolescencia.
   Era una persona extraña y a mí no me “cabía en la cabeza” cómo una persona tan talentosa artísticamente, por ejemplo, se dejó estar en la vida sin practicar su arte no desarrollarlo jamás, parecía que después de casarse, todo su entusiasmo, se fue apagando hasta transformarse en un ente, que vivió la vida entera de luto, llorando y rezando el rosario por los pasillos. Siempre triste, pocas veces reía.  Era un ente doméstico, ni siquiera disfrutó de sus hijos, que los entregó siempre al cuidado de Nanas y familiares.

   Ella, parece que vivía como en otro mundo, ausente de lo que transcurría a su alrededor.  Yo creo que ahora que he vivido una Depresión por 12 años que ella tenía una Depresión, pero en ese tiempo, esa enfermedad poco se conocía y no fué tratada.

   Ella narraba momentos de su vida, antes de casarse, donde se le iluminaban los ojos y reía de tal forma, que su risa cristalina llenaba toda la habitación. Mi madre tenía la risa más bella, que jamás he escuchado. Yo me la quedaba escuchando como estremecida de emoción al escucharla reír. Pero, eso no sucedía a menudo. Era graciosa y desubicada de este mundo. Nunca se adaptó bien a Santiago, siempre mantenía sus costumbres sureñas, como baldear el patio a pata pelada, para vergüenza de mi padre, que cuando traía invitados, no quería pasar por esa humillación. Tampoco entendía ni un poco de Moda, ni maquillaje, ni peinados.  Tampoco salía casi nunca de la casa ni tenía amigas. Siempre estaba en casa, haciendo costura o cocinando, rezando, a veces tocaba el piano y cantaba ópera.

   Ella era una mujer, no hermosa, pero sí, muy atractiva e interesante, inteligente, muy Psicóloga, grandes aptitudes variadas. Estudió canto en el Conservatorio, 10 años, no ejerció su Profesión, tenía una bellísima voz, pero solo cantaba a lo lejos en la casa.  Estudió Piano por 10 años, tenía una memoria musical envidiable, tampoco terminó de estudiar esta carrera. Solo tocaba en casa: Chopin, Mozart, Beethoven, arias para cantar, Opera, etc., cuando tenía ganas o necesidad de hacerlo.

   El resto del tiempo, no practicaba ni Piano ni Canto, como que le costara, o no estaba motivada a hacerlo.  También estudió Guitarra Clásica por varios años. También tocaba a veces la guitarra. Una vez se motivó a estudiar folklore con Margot Loyola, pero mi papá la hizo desistir, porque decía que en esa casa, había puros maricones.  Se acabaron también las cuecas, tonadas y abandonó las clases.
   Yo sabía que ella tocaba bandurria y arpa, pero yo nunca la escuché tocar esos instrumentos.























   También sabía, que en su juventud, jugaba tenis y era muy buena, lo que le valió la fama de tener unas bellísimas piernas y que una firma inglesa, la contrató para modelar medias.  Además, que el inglés con que practicaban tenis, Walter Boibo, parece que a ella le fascinaba, pero tampoco pasó nada con él, porque ella venía de un pololeo con mi padre, que duró 10 años.


  Todo ese romance quedó solo como una romántica ilusión, que ella a veces contaba y se volvía a emocionar.

Vivía de los recuerdos.



   Pero, también tenía su parte graciosa, una vez, que es la anécdota que mas me hace gracia, cuando llegó el teléfono a la casa, ella, por supuesto no lo sabía utilizar, sino que lo miraba como una cosa rara, que solo mi papá entendía.
  Un día, que estaba mi tía Nena, en casa, quiso llamar por teléfono (Mi tía Nena tampoco sabía utilizarlo) pero quería llamar a alguien.

Nuestro teléfono era: 370 956

Mi mamá entonces marcaba; 370 956, oía y sonaba un ruido llamando y nadie contestaba naturalmente y ella no entendía que pasaba.

“Oiga, comadre” le dijo, “parece que esta cochinada de teléfono, esta malo, voy a volver a marcar”
Y así, marcó y marcó, y el teléfono seguía respondiendo ocupado.
Las dos estaban ocupadas en averiguar qué podría pasar y no entendían nada.

En eso, llegó mi papá, le explicaron el problema y mi papá preguntó: “¿A ver, a qué teléfono están llamando?”

Mi mamá respondió: 370956

Esto que dice y mi papá estalló en risa, que casi se mataba riendo.

“Pero mujer, si ese es el teléfono de la casa, por eso marca ocupado, porque lo estas ocupando tú”.

“Que mujeres tan huasas estas”. Dijo mi papá

Ellas se miraron y se largaron a reír. “Por Dios, Nena” dijo mamá riendo. “¡Que aparato más raro!”.

Este evento, era el tema de sobremesa, por años, de mi papá contándoles a sus parientes, que se reventaban de la risa.

“Así era mi mamá, no vivía con los tiempos”.






“LAS RELACIONES CON MI PADRE”


   Yo recuerdo poco este tema, porque en el tiempo de mis padres, no se acostumbraba hablar de sexo, ni yo entendía un palote de “Sexo”.
   Pero algo debe haber estado muy mal, porque según mi conocimiento (nada diré de las opiniones de mi hermana, que ve las cosas completamente diferente a mí), pero según mi visión, cero experta en este tema, me parecía raro, que en la noche cosía y remendaba calcetines hasta las dos de la madrugada.

                                    ¿Entonces a que horario tenían relaciones?

   Esto, me lo vine a preguntar mucho después, no entonces, que yo tenía 13 años. Tal vez por eso, mi padre fumaba como chimenea en la cama y se le apagaban los puchos y se le quemaban las sabanas esperando.
   Yo solo sé que mi padre quería mucho a mi madre, él era feliz, estando con ella. Se reían mucho, siempre estaba arreglándole la casa, pintando, barnizando, arreglando enchufes, tapizando muebles, etc. Todo en función de alegrarla a ella. Siempre juntaba dinero todo el año, para ciertas ocasiones: veraneo, año nuevo, etc.   No sé cuál sería el problema, pero yo creo que mi madre lo evitaba, a pesar que siempre decía que nuestro padre era un santo. Mi madre jamás hizo un comentario desfavorable contra nuestro padre, ni admitía que nosotras lo hiciéramos. Eso fue lo que yo vi.







“LOS MIEDOS DE MI MADRE”

= Terremotos – Gente =


   Mi madre si había algo que la volvía loca, eran los temblores. Ella vivió el TERREMOTO DE CHILLAN 1939, estando embarazada de mí (tal vez por eso, soy tan nerviosa).
   Ella contaba cuando vino el TERREMOTO, ella corría como loca, despavorida, y vió cuando la tierra, se tragó una gallina. Veía como los muros se caían como de papel, el tendido eléctrico, como el camino estaba lleno de gente gritando despavorida, con guaguas en brazo. Ella estaba en el campo y veía como se caían arboles, ventanas, el suelo se abría ella aterrorizada temía caer al hoyo, la tierra se rompía y abría a sus pies.  Fue una experiencia traumática y ella estaba embarazada de mí.

   Desde entonces, mi madre, no podía escuchar el más mínimo temblor, que arrancaba despavorida, sin control. Yo recuerdo un temblor fuerte que mi madre se tiró de rodillas por la ventana que daba a la calle. Nunca había visto unas rodillas más hinchadas, todas heridas y sangraban. Ella siempre tuvo fragilidad capilar, así es que tuvo muchos días con sus rodillas hinchadas, como deformes.
  También ella temía a la gente, por ej.: en las “reuniones de curso”. Ella nunca iba, le alteraba cuando había muchas personas y todos hablando al mismo tiempo.




= Otro Temblor Fuerte =

   Recuerdo que fue de noche y estaba el Tío René en la casa alojando. Este tío era un “viva la vida”, que venía de Concepción (cuna de terremotos), a ver a las “Chiquillas del Bim-Bam-Bum”. Por supuesto, él también le tenía pánico a los temblores.
   Salimos todos arrancando de las piezas (yo tenía unos 8 años) gritando y buscando a nuestro papá. Cuando vemos aparecer en el pasillo al tío René, pilucho, con una mano adelante y la otra atrás, corriendo despavorido.

   Era una gritadera espantosa, llanto, todos temblando aterrorizados. Mi papá tratando de ponernos a todos bajo el umbral de la puerta y sosteniendo a mi mamá que se desmayaba y pidiendo “La valeriana”. María, nuestra nana, una vez que empezó a calmar el movimiento, yendo a buscar la valeriana, para mi madre. Entonces, cuando ya pasó el temblor, nos fijamos que frente a nosotros, estaba el tío René, blanco como un papel, agarrándose la cabeza y dejando sus partes púbicas, a la vista.  Recién, mis hermanos y yo, prestamos atención a él. Mi hermana y mi hermano, junto con mi papá se largaron a reír. Yo, me agaché, me dediqué a la investigación, nunca antes había visto una longaniza tan grande.
                                                             ¡Uy!, que grande. Dije.
   Y mi pobre tío, no hallaba que hacer de vergüenza.






“MI MAMÁ COSTURERA”


   Mi mamá también algo le pegaba a la costura, y nos hacía ropa, cuando niños. Una vez, le hizo un vestido a mi hermana, y al ponérselo a mi hermana, le quedaba mal de un hombro y de la cintura.
   Mi hermana estaba desconforme, porque se veía muy mal y reclamaba que el hombro estaba horrible y la cintura estaba chueca. Mi mamá trataba de arreglar el cuento, tirándole del hombro y no resultaba. ¡Claramente ella no sabía cómo arreglarlo! Ella no sabía tanto de costura. Pensaba y pensaba y tironeaba y tironeaba y la cosa no se arreglaba.
   Mi hermana estaba muy molesta, protestaba, que ese vestido estaba mal hecho. Mi madre, indignaba ante tal crítica de su confección, le grito:

“Mal hecha estará tu abuela”. “¡Tu eres la que está mal hecha!”

“Tienes un hombro más alto que el otro y mira la cintura, tienes que bajar de peso”

“Yo no tengo la culpa, que tú seas tan mal hecha”

Y se retiró indignada.

“¡Verdaderamente mamá no era costurera!”.
 
 

continuará...
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sábado, 3 de julio de 2010

CAPITULO: 33 “MI FAMILIA”, Mí Padre

1953, 13 años

   Recién hablo de mis padres; a los 13 años porque antes no tenía una noción muy clara de ellos. En Gorbea casi no los recuerdo (3-5 años) y antes de mis 13 años era una sensación distante con ellos, yo vivía en otro mundo sin tener una relación padre-hija.
  Todo me lo guardaba y callaba, hacía todo lo que ellos querían, sin opinar como fue mi cambio de colegio por ej.: donde jamás se me preguntó si yo quería cambiarme.
   Yo tenía siempre mucho miedo de contarles mis cosas a mis padres, solamente confiaba en mi nana María y en mi hermana Alicia para contarles los acontecimientos más importantes que me ocurrían. Yo diría que vivía como en el limbo, defendiéndome como podía de lo que no entendía: “Mi Soledad”.

   Temía a mi padre y no entendía a mi madre. Es muy poco lo que puedo hablar de ellos, trataré de recordar la visión que de ellos tengo…

MI PADRE

   Recuerdo a mi padre físicamente; en siglo XX, a partir de los 6 años. Era un hombre de facciones finas, buenmozo, tenía un cabello castaño claro, también muy fino, muy vanidoso de su persona, como todos sus familiares que por herencia eran muy bien parecidos.
   Tenía una piel muy blanca y delicada, siempre se enorgullecía de la belleza de sus pies y manos. Eran manos y pies de caballero, decía; no de gañán, hasta decía que él nunca transpiraba y que sus pies jamás daban mal olor, que eso, era de rotos.
   Vestía con elegancia dentro de sus posibilidades y era muy admirador de sus parientes de Concepción, eran verdaderos “ídolos” para él.
   Le encantaba la buena mesa, comer bien, así se lucía con sus parientes de Concepción con los exquisitos platos de mi buena nana María y también con mi madre que era una gran cocinera.

   Era un gran conversador, muy sociable y le gustaba tener siempre alojados en la casa. No recuerdo ya la cantidad de alojados que vivieron por años en nuestra casa; familiares, personas que él acogía por necesidad, era muy hospitalario, parecía una casa de pensión.

   Las visitas eran más importantes que los hijos, a ellos se les daba siempre lo mejor, había que servirlos como reyes y la mesa se ponía de mantel largo, el disfrutaba con ellos de largas y amenas charlas; se divertía mucho. Hacía que mi mamá tocara el piano para que el tío Rafael cantara con ella, estas era una de las pocas veces que le pedía a mi Mamá que tocara.

   Entonces Mamá se lucia...

   Mi papá tenía también un gusto por la belleza que yo heredé. El se la pasaba pintando la casa, arreglándola, reparándola, le gustaba vivir en un lugar bonito y acogedor.
   Hacía de todo; carpintería, pintura, arreglaba cualquier cosa que le pusieran por delante. Tapizaba muebles, ponía plantas y además amaba mucho a los animales, eso también yo lo heredé.
   En casa yo recuerdo haber tenido: perros, gatos, caturras, loros, canarios amarillos y rojos, tortuga, zorzales, etc...  Mi padre era muy trabajador, siempre estaba ocupado en su tiempo libre, con un sinfín de quehaceres domésticos. Llegaba del trabajo muy elegante y luego se ponía su ropa de trabajo, era muy hogareño.
                        Pero el mayor sueño de mi padre era ser “MÉDICO”.

   Mi padre habría sido muy muy feliz si hubiera sido Médico, siempre estaba leyendo sobre medicina: tratamientos, remedios, primeros auxilios y tenía mucha paciencia con los enfermos, los cuidaba con esmero. Admiraba a los médicos profundamente, los consideraba como “seres superiores, llenos de virtudes, muy inteligentes y buenas personas”.
   Nada lo hubiera hecho más feliz que alguno de sus hijos fuera Médico. Pero por desgracia ninguno nació con esa vocación.
                                ¡¡¡¡ESA ERA SU GRAN FRUSTACIÓN¡¡¡¡

   Yo no recuerdo en mi infancia haber sostenido, ni tampoco en mi juventud alguna conversación de padre e hija. No había una comunicación, más bien, un respeto. En algunas excepciones el compartía alguna cosa que le hacía gracia de mí.
   Por ej.: siempre que se echaba a perder el tiempo y hacia frio, yo me entristecía y le decía; "Papá no me gustan los días inflados "(nublados: 6 años). Y él se reía mucho de mí con eso de los “días inflados”, le hacía mucha gracia la expresión.
   También cuando yo le respondía a mi tía Marta que; “yo necesitaba pensar”. Eso le hizo siempre mucha gracia y decía: “¿qué vas a pensar tú? “, y se lo contaba a todos sus parientes.

   Con mis hermanos mi padre tampoco conversaba, la hora de almuerzo se convertía en “puras reglas de etiqueta”, sobre todo con mi hermano Osvaldo. No recuerdo ninguna conversación de familia, solo correcciones: “baje los codos de la mesa”, “la sopa no se sorbe”, “anda a peinar esa chasca”. etc.
   Recuerdo que María todos los días le hacía a mi padre leche asada porque tenía úlceras. Nunca olvidaré la eterna sensación de probar ese exquisito “flan de papá”.
   María me decía “cuidadito con meter el dedo en el flan de su papá, ni se le ocurra”.
   Ese postre se quedó grabado en mi memoria, como la “fruta prohibida”.
   El problema de mi papá para sanarse no era su régimen, porque eso no le costaba sino dejar “El Cigarro”, que le impedía curarse. Mi padre pasó toda su vida con la “leche de magnesia”. A veces se sujetaba el estómago con las manos de tanto dolor.
   Con todo esto mi padre nunca quiso aceptar probar con “la hipnósis” que le ofrecía el doctor Maira, médico de la familia, que quería quitarle su adicción al cigarro. Recuerdo a mi padre toda la vida con acidez.

   Mi papá era una persona muy aprensiva, nervioso, todo lo asustaba, se alteraba fácilmente, siempre andaba de mal humor por el dolor. Todas sus molestias iban a parar a su estómago.
Por otra parte el era una persona muy ordenada, precavida con el dinero. A pesar de ganar poco nunca dejamos de ir a veranear, salir a cenar a un restaurant en Año Nuevo o recibir juguetes para Navidad.   Mi padre juntaba su dinero, con un año de anticipación, meticulosamente.  Amaba en extremo lo bello; flores, cuadros, personas bonitas etc. Además también le gustaba ser “VETERINARIO”, atendía a todos los animales, los entablillaba, le hacía curaciones, le daba remedios, tratamientos a perros, gatos, pájaros, etc.

                                     ¡¡COMO ENFERMERO ERA INCREIBLE!!

   Cuando mi hermano enfermó de tifus y bronconeumonía al mismo tiempo lo desahuciaron pero gracias a los cuidados de mi padre se sanó y salvó.  El doctor Maira le decía a mi hermano; “el muerto resucitado”.
   Lamentablemente mi padre este amor solo lo demostraba cuando nos enfermábamos, el resto del tiempo no era cariñoso ni demostrativo con sus hijos. Mi padre fue siempre un hombre extremadamente responsable con sus hermanos y familia.
   El venía de una familia de pocos recursos y cuando murieron sus padres, el tenia 15 años y tuvo que enfrentarse con la responsabilidad de cuidar y educar a 4 hermanos menores (tío René, tío Lino, tía Anita y tía Teresa). No pudo continuar sus estudios ni casarse hasta ubicar a sus hermanos en algún trabajo.  Pololearon con mi madre 10 años y solo se casó cuando todos sus hermanos ya tenían un trabajo y estuvieran casados.

   Esta vida de mi padre con una juventud tan corta ya que tuvo que sostener una familia él solo no le permitió disfrutar ni divertirse prácticamente nada. Por eso era tan regañón y autoritario con sus hermanos; como un papá para ellos.
   Luego se hizo responsable de la familia de sus hermanos fallecidos. Cuando falleció el tío Lino, el fue un segundo padre para mis primos y mi tía Lila siempre se apoyaba en él.
   Ese fue mi Padre, un joven que se hizo hombre a muy temprana edad, que no recibió cariño ni apoyo solo asumió “responsabilidades “.
   Yo agradezco a mi padre todo lo que me dio en la vida, el me dio “todo lo que me podía dar
                                   Algún día en el cielo nos conoceremos más

                  GRACIAS PADRE POR TODO LO BUENO QUE ME REGALASTE



Los Alojados de Papá

Año: 1949-1953, Edad: 9-13 años

   Desde que yo tengo memoria en la casa de papá, siempre había alojados, difícil es nombrar la larga lista que yo recuerdo de pequeña:
Carlos Basaletti, tío Bagolini (el fantasma pianista), Berenice Rivas y su hermano, Carmen Montecinos, Cabo Lier, ect.  Pero yo me voy a detener solo en dos, que tuvieron mayor relevancia para mí; Raquel y mi Tía Zulema que nombraré más adelante.


“Raquel, mi amiga Secreta”

   Raquel fue una alojada de la casa por varios años. Yo tenía 9 años cuando llegó. Era una mujer humilde, sencilla, joven, de una familia de obreros de Concepción, que se vino a Santiago a trabajar en la fábrica de ampolletas Phillips como obrera.  Ella ganaba muy poco, salía muy temprano a su trabajo y volvía tarde, cansada la pobre, por tantas horas de trabajo minucioso, agotador, armando ampolletas.     Apenas comía rápidamente, luego tenía que lavar todas las tardes sus medias para el otro día y su ropa interior porque tenía muy poca. Luego que zurcía su ropa, planchaba su uniforme, lustraba sus zapatos, no le alcanzaba el tiempo para ninguna entretención, se acostaba y al otro día, lo mismo, era una vida extraordinariamente sacrificada, solitaria y rutinaria para obtener un sueldo miserable

   Pero ella, tenía una “dignidad”, siempre impecable, correcta, educada, discreta, trabajadora, era toda una dama, aunque usaba todos los días la misma ropa, parecía que su ropa era nueva.
   Mi padre la recibió en la casa, porque conocía a la familia que eran muy pobres pero dignos.

   Raquel, era bajita, delgada, facciones agradables, tez blanca, muy tímida, callada, muy organizada con su poco dinero, tendría unos 25 años. Jamás nunca nadie en la casa tuvo ningún problema con ella, era de buen carácter.
   La menciono en forma especial a ella, porque yo la admiraba mucho, su discreción para vestirse, su buen gusto, siempre lucia elegante, tenía lo que se dice: “Don de gente”.
   Yo siempre la observaba, desde que llegaba y entraba a la casa, lo primero que hacía era ir al baño, lavarse las manos, arreglar su peinado y ponerse un poco de labial, luego se cambiaba los zapatos del trabajo, por unos para la casa, más cómodos, una ropa sencilla, pero correcta y luego se presentaba a saludar a mis padres.
   Yo siempre quería entrar a su dormitorio, cuando llegaba, pero ella cerraba la puerta con llave, yo la escuchaba que hacia ruido en el ropero, como de paquetes, ella a veces llegaba con algún paquete pequeño.
   Yo siempre quedaba curiosa por saber, qué traía en los paquetes y que tanto guardaba, pero nunca podía entrar.
   Pero un día, Raquel salió al baño y yo me metí a su pieza a escondidas y quedé impresionada: ¡Había sobre la cama una muñeca y ropa de guagua rosada! Fui a tocarla y viene Raquel y me dice: ¡“No Toñi, no la toque”!. Yo me asusté, pregunte intrigada: ¿Para quién es esa muñeca? Ella como pillada en algo malo, respondió:
   ¿Juras que no se lo vas a decir a nadie?
   “Lo juro”, respondí inquieta.
   “Es para mi hija”, respondió.
   ¿Tienes una hija? Respondí asombrada, pero si ni siquiera tienes novio.
   “No tengo, pero algún día lo voy a tener, me voy a casar, voy a tener hijos y como mi novio tampoco va a ser rico, yo lo estoy ayudando de a poco a formar nuestro hogar.
  ¿Ves todos esos paquetes?
   “Todo eso lo he ido comprando de a poco para mi futuro hogar”

    Yo menos mal, estaba sentada, sino me caigo al suelo de la impresión, me quedé boquiabierta. ¡Nunca imaginé que alguien hiciera una casa así, tan adelantada!
“Así tenemos que hacerlo los pobres, Toñita, juntar nuestras cositas de a poco, para el mañana”
   Llena de curiosidad le pregunté; “¿Y puedo verlas?”. Dudó un instante, como quien muestra un gran tesoro, SU gran tesoro.
   “Ay, Toñita, me dijo indecisa, nunca se las he mostrado a nadie, para que no se rían de mí”
   Yo con vehemencia le dije: “¡Yo jamás me reiría de ti ¡ ¡Estás loca¡ Te juro que no se lo diré a nadie, te juro por Dios”
   “Bueno, ya, te los mostraré, pero acuérdate que Dios castiga a quien jura en falso, si hablas, Dios te castigará”
    “Lo juro, lo juro”, repetí
   Nadie sabrá “nuestro secreto”. Bueno dijo, te voy a creer y empezó a sacar paquetes.
   ¡Quiero verlos todos! Exclamé, ansiosa. Está bien, pero ten cuidado, porque algunas cosas son muy delicadas. Fui abriendo los paquetes cuidadosamente, uno por uno. No podía creer, lo que veían mis ojos. Unos ajuares maravillosos de guagua, rosados, celestes, mamaderas, loza, vasos, panera, un mantel, una olla, un sartén, jarro para el agua, sábanas, servicios, un cubrecama de dos plazas precioso y una frazada.
   ¡Todo tan bonito, con tan buen gusto! Yo no salía de mi asombro,
   ¿Cómo había podido comprar todo eso, con su sueldo de obrera tan pequeño? La abracé con emoción y admiración y le dije:
   “¡Te felicito, eres una hormiguita!”

   Era la primera vez que yo vi llorar a Raquel, luego me besó y me abrazó.
   “Gracias, yo quiero tener una hija como tú, será nuestro secreto, nadie más lo sabrá”
   Y nos fuimos juntas, me abrazaba una y otra vez.
   Pasó varios años Raquel, juntando cosas para su hogar, en secreto, solo yo entraba en la tarde y conversábamos, me mostraba todo lo que iba comprando. Estas visitas se transformaron en un verdadero ritual.

   Un buen día, la vi salir muy perfumada, con su mejor vestido, arreglada y nerviosa. No me dijo nada, yo quedé intrigada para ¿donde iría?, pero pasaron muchos días y ella periódicamente salía y no me contaba dónde.
   Hasta que un día, me enteré, que tenía un novio y se quería casar con ella. ¡También era obrero y muy trabajador y así fue, se casaron, ella tenía casi todo para su futuro hogar como había soñado, todas sus ilusiones se realizaron.
   Se fueron a vivir cerca del lago Llanquihue, él consiguió trabajo en una granja y ella cuidaba la casa, daba de comer a los animales. Nos enviaron una foto con el lago al fondo y ella con una guagua en brazos, sonriendo feliz, junto a su esposo buenísimo que le tocó. Yo pensaba, que ella trabajó tanto para salir adelante, todo el sacrificio fue premiado en gran medida. Tuvo casa, familia, hijos y trabajo en un lugar maravilloso. Todo ocurrió como en los cuentos.
   Yo le estoy muy agradecida a Raquel, por enseñarme que con perseverancia, Fè, todo se puede alcanzar, hasta lo más imposible.

         Ella fue una de las personas que yo mas admiré en mi infancia: “Mi amiga secreta”
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viernes, 2 de julio de 2010

CAPITULO 32 “La Señorita Marina”

1953, 13 años

   Entre mis profesoras de humanidades, idolatraba a la señorita Marina. Yo adoraba la belleza de cualquier tipo, ya sean personas, animales, cuadros, música, ballet, las manos, los ojos, la voz, la flores, los árboles, los pájaros, el cielo, los colores, los aromas, los duraznos en flor, una linda rosa, una sonrisa, una persona refinada, una persona sabia, alguien inteligente, una maestra brillante, la poesía, un niño etc.

   Los ambientes donde me encontraba, me influían totalmente provocándome un incontenible rechazo y terror. Por eso arranqué de esa manera irracional de la casa de la “Turca”, arriesgando mi propia vida. Por el ambiente sucio, mal oliente, oscuro, por el trato grotesco del padre sin camisa, la forma ordinaria como hablaban, sus modales ordinarios.

   Pero en cambio, guardo en mi corazón tantas cosas bellas que jamás he olvidado: la señorita Marina fue una de ellas. Que era nuestra profesora de historia, una mujer joven, buena moza, con una voz cantarina, una hermosa figura, siempre muy elegante. Era soltera, de unos 30 años, enamorada eterna de su novio, un aviador que se mató en un avión. Lo que a mi me fascinaba mas de ella eran sus manos, blancas de finos dedos, con gran movilidad, siempre cuidadas muy pintadas de rojo. Tenía un anillo bellísimo de compromiso, que le había regalado su novio, que jamás se lo quitaba; eran como las manos de una princesa. Además, ella siempre andaba perfumada y pintada. Se movía tan graciosamente, era tan femenina en todos sus gestos, que para mi era como un deleite observarle. Pero lo que más me llamaba la atención eran sus manos, que las movía en diferentes formas como una danza. Ella explicaba la materia y hacia infinidad de movimientos con sus manos mientras hablaba. Yo me quedaba extasiada admirándolas, me imaginaba que eran palomas, que volaban armoniosamente. Se cruzaban, se abrían, se juntaban, movía sus muñecas. A veces preguntaba algo a una alumna, y si no estaba conforme con la respuesta, las ponía como una torre frente a su rostro.

   El hecho es que estaba yo contemplándola cuando de pronto oigo mi nombre; me levanté bruscamente como despertando, mis compañeros se reían y murmuraban.

   ¿Qué le pasa señorita Montecinos?, la he nombrado 2 veces, ¿en que está pensando? Me preguntó.

   En forma automática y atolondrada respondí:
   “En sus manos señorita”.

   No sabía lo que decía estaba como despertando de un sueño. Ahí sí que mis compañeros se rieron fuertemente. Ella se acercó lentamente a mi pupitre, me miró a la cara, y se quedó observándome un buen rato girando a mí alrededor, con su lápiz en la mano.
   En eso sonó la campana y todas salieron a recreo. Ella no se movió de mi lado escrutando mi rostro. Me empecé a inquietar y ella me dijo:

-“Usted se queda señorita Montecinos, y repita lo que respondió en la clase cuando le pregunté en que estaba pensando, ¿lo recuerda?
- “si, si” -respondí precipitadamente: “en sus manos” Sta.

Ella dijo:

- “¿Recuerda la materia que pase en clases?
- “No señorita” –respondí-, bajando la cabeza afligida,
- “¿Y se puede saber que piensa toda la clase?”, me preguntó.

Bajé la cabeza nuevamente, y repliqué muy bajo:
- “Es que me distraigo con sus manos señorita todo el tiempo”.

- “Veremos si es verdad eso, a ver, ¿qué movimientos hago yo con las manos?, ¿” puede enseñármelos”?, me dijo ella.
- “sí por supuesto” –respondí

- “Hágalos” ordenó.
- “Por ejemplo, pone su puño en la cadera cuando esta molesta, también lleva su mano a su pelo y lo rasca así, y cuando esta pensando una pregunta que usted va a hacer, o cuando no está satisfecha con la respuesta, pone sus manos así como si estuviera rezando, y las pone en su cara. Y cuando está explicando una materia impresionante, abre los brazos y extiende sus manos y las agita como si estuviera bailando”.

Ella me quedó observando poniendo su mano en la nuca como pensando y me dijo:
- “¿No le gustaría estudiar Ballet o algo relacionando con arte?”.
- “Si, me encanta el ballet, pero no me dejaron estudiarlo. Ahora estudio piano”, respondí.
- Ella respondió: “Bien, estudie cualquier cosa relacionada con arte, puede retirarse señorita Montecinos”

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ADOLECENCIA; CAPITULO 31 “Cambio de personalidad, paso a humanidades”

Fecha: 1952

   Cuando pasé a Humanidades, yo tenía 12 años y se estaba operando en mí una tremenda transformación en mi personalidad. Recién había pasado de ser niña a mujer, pues mi cuerpo estaba cambiando. Con toda aquella experiencia traumática con los famosos parientes de mi padre, más la educación sexual represiva del colegio y mi casa, yo comencé a sentir que ya no iba a volver a ser nunca más la misma niña que fui cuando estaba en el colegio san Gabriel, esa niña libre, feliz y sin temores

   Ya había pasado a ser mujer, y comprendí que todos estos cuidados hacia mi cuerpo que me hablaba mi madre, mi hermana y el colegio, me iban a impedir estar tranquila para siempre. Comenzaba a nacer en mi, miedo y desconfianza de los hombres, vergüenza hacia mi cuerpo, me transformaba en una niña tímida, sin amigas y solitaria. En los recreos me iba a la capilla para que mis compañeras no me vieran sola en el patio.

    Ya no me gustaba estudiar como antes, comencé a tener miedo a los profesores, miedo a hablar. Tenía que estudiar el doble que antes para sacarme buenas notas, y así compensar las bajas notas en los orales porque me daba pánico hablar. Me conformaba con el promedio 4 o 4,5 que me daba; es decir, me transformé en una cuatrera. Excepto claro: inglés, música, gimnasia y castellano. Comenzó a bajar aceleradamente mi autoestima, que ya estaba baja desde que entre al colegio. Cada día que pasaba estaba más conciente que ya no sería nunca más la misma que cuando estaba en el San Gabriel. Estaba perdiendo mi alegría, y transformándome en una niña triste y solitaria. Comenzaba a estar ansiosa todo el tiempo, y en lo único que pensaba era en salir del colegio e irme a mi casa. Vivía soñando, llena de aprensiones, inmersa en mi propio mundo, ausente de mi entorno. Mis compañeras casi nunca me hablaban, solo cuando querían pedirme algo, luego ya no me tomaban en cuenta, como que no existiera, jamás tuve amigas en el colegio ni me invitaban a sus casas, como lo hacían entre ellas.
   Además en humanidades, ni siquiera tenia el consuelo de sentirme apoyada por la madre Sotomayor, quien era como una mamá que estaba pendiente de todas las cosas de sus alumnas, como gallina con sus pollos, sino que ahora teníamos una profesora para cada ramo.


   Estas profesoras eran mucho mas frías, ni siquiera conocían a las alumnas, no conversaban, no se interesaban, terminaban su clase y se iban, la nombraban a una por el apellido. Muchas de ellas eran universitarias y enseñaban de manera muy complicada, como si estuvieran en la universidad; el que entiende, entiende, pues no se repetían los conceptos. Yo jamás preguntaba, porque las explicaciones eran muy enredadas y breves; prefería quedarme callada.

   Echaba tanto de menos a mi madre Sotomayor, me costó mucho adaptarme al cambio. Además tantas reglas, normas, prohibiciones, castigos, pecados, caras serias, me hacían pasar todo el día como flotando, en un ambiente que todo el tiempo me producía temor. Eran tantos detalles que reprimían y atemorizaban ¡Esa monja que en vez de hablar, para pasar a la capilla tocaba como una castañuela, como en el ejército!

   Los castigos por los atrasos, te pinchaban una libreta con un alfiler y bajaban la nota en puntualidad. El silencio absoluto durante las clases, solo en labores se podía hablar bajo.

   Que yo recuerde, la única vez que me consideraron para algo, fue una vez que llovía y estábamos en el patio techado, donde había un piano. Entonces me puse a tocarlo para distraerme, y cual no fue mi asombro cuando algunas alumnas empezaron a corear la canción, otras bailaban y hasta las monjas fueron a cantar. Fue el único recuerdo grato que tuve de mis compañeras. Las otras veces, solo me hablaban cuando necesitaban algo de mí.

   Esta soledad me hizo refugiarme en mis fantasías, en mis ídolos de profesoras que yo admiraba o quería de lejos, sin jamás acercarme a ellas ni hablarles siquiera. Vivía distraída en clases observando sus gestos, como me pasaba por ejemplo con la señorita Marina a quien mencionaré a continuación.

   Yo no me daba cuenta completamente que algo malo pasaba conmigo, que tantos miedos me estaban haciendo llevar una vida escolar completamente enajenada, sin compartir con nadie. No comprendía tampoco del daño que estaba sufriendo mi personalidad, de las consecuencias de los acontecimientos traumáticos sufridos por culpa de la parentela, mi padre, agregado al ambiente represivo que estaba viviendo, en una etapa decisiva de mi desarrollo como mujer. Solo me dejaba llevar como en un estado ausente, sin voluntad, incapaz de reaccionar, como un pez que se lo lleva la corriente, abstraída en mis pensamientos como viviendo en una burbuja.

   Pongo a continuación un episodio vivido en la clase de historia con la señorita Marina, para mostrar un poco como yo viví ese tiempo en mi vida, a la edad de 13 años.
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jueves, 24 de junio de 2010

CAPITULO 30: “Mi hermana Alicia, La Confesión”

1952, 12 años

   Miles son las anécdotas de mi hermana Alicia en el Colegio Compañía de María. Me referiré a una de ellas, para dar solo una pincelada de su personalidad peculiar.
   Mi hermana cada vez que las monjas iban a la sala de clases a preguntar quién se quería confesar en clases de Matemáticas, ella era la primera en salir a confesar sus pecados.

   Luego, llegando al Confesionario el Padre decía: “ave María Purísima”, respondía ella: “Sin Pecado Concebida”
   “¿Hace cuánto tiempo que no se confiesa?”
   “Hace como tres meses”
   “Bien, diga sus pecados”

   Entonces mi hermana, que quería escapar el mayor tiempo posible de la clase de matemáticas, no hallaba de donde inventar tantos pecados y no se le ocurrió mejor idea que leer el MISAL y enumerar todos los pecados que figuraban allí de los mandamientos:

Me acuso Padre de:
1º “No amar a Dios sobre todas las cosas”, porque me gusta mucho mas pasarlo bien que venir a misa.
2º “Santificar las fiestas”, yo tampoco voy nunca a misa, me aburro con el curita que dice “orate frates”

“Pero niña”, dice el Padre, “¡Así no se habla de un consagrado y de la Santa Misa!”

3º “No jurar su santo nombre en vano”, yo paso jurando en vano y digo puras mentiras pero cruzo los dedos no más.

¡Eso es muy grave, te puedes condenar!
¡En penitencia rezaras un rosario!

Tampoco honro Padre y Madre.

¡Y tampoco honras a tus padres!

“¡No porque mis padres no me honran a mí y mi madre dice puras mentiras!”

“Los hijos no juzgan a sus padres”, dice el Padre indignado.
“¡Además los padres no honran a sus hijos!”

“¿Padre, qué es Honra?”

“Respetar, los padres te tienen que educar, no respetar a ti, ¡Mira que idea!
“Qué mas”

No Mentir (5º mandamiento)
“¡Yo miento mucho Padre, porque es mucho más entretenido, como en las NOVELAS!”

¡Las novelas son puras mentiras!
“¡Que cosas tienes en la cabeza!

“¡Además yo soy adúltera!”

¿Adúltera?, responde el Padre asombrado
¿Pero qué dices niña, estás loca?

¡Sí, yo he adulterado un montón de veces!
Responde Alicia con orgullo.

   Entonces el Padre saca la cabeza del Confesionario, para ver, quien era la niña que se estaba confesando y exclama:    “¿Alicia eres tú?”
   Debí imaginarlo, vas a ver.
   “¡Ándate a tu clase, de matemática, chiquilla de porquería!”
   "¡Y sacando la mano, le dé un buen palmazo en la cara!"

Se acabo la confesión.






“MI HERMANA ALICIA; EL CLAUSTRO”

1953, 13 Años

   Mi hermana en el Colegio “Compañía de María” tenía 2 grandes amigas con las que hacía toda clase de locuras, del mismo ingenio que ella.
   Era una Turca, Musalem, bien gorda y Soledad Lataste, compañeras de curso, bien flaca.  Alicia, en el Colegio también era gorda, se la pasaba comiendo con las Internas en los patios.

   Un día la Madre Paz, para intimidar a las alumnas, de no entrar jamás al CLAUSTRO, por si acaso, alguna tuviese curiosidad, les contó al curso de Alicia, la historia de las “MONJAS SIN CARA”, para causarles temor. Ella decía que en el “Claustro”, había unas “MONJAS SIN CARA”, que se aparecían a cualquiera que se metiera al “Claustro”.

   Alicia y sus amigas, igual de imaginativas y curiosas que ella, comentaban en el patio, como serian esas “MONJAS SIN CARA”. Y aunque les asustaba, que alguna “MONJA SIN CARA”, se les apareciese, era mayor que el miedo, la “CURIOSIDAD”.

Un día decidieron, meterse a escondidas al CLAUSTRO, para conocer esas “MONJAS ATEMORIZANTES”. Las 3 fueron a escondidas, tapadas con la capa, pasaron por la Iglesia, se persignaron y abrieron la puerta que decía un letrero:
                              “CLAUSTRO, PROHIBIDA SU ENTRADA”

   Ese título de “PROHIBIDO”, era un, estimulo poderoso para las 3 investigadoras, que las llamaba con mayor fuerza a entrar. Una vez abierta la puerta, vieron una escalera caracol estrecha, se miraron, preguntándose tácitamente, quién iba primero. Después de un momento de meditación y temor, incertidumbre, la Musalem dijo:

Yo Subo primero, si veo algo, les aviso

   Las otras 2 asintieron con la cabeza, y partió la caravana, Musalem, delante, luego Alicia y al final Solange, que era la más tímida del lote. Había un silencio sepulcral, unos muros blancos, sin adornos, algo obscura la escalera, y los peldaños crujían. Subieron lentamente, muertas de susto, hasta llegar al 2º piso. No había nadie.
   Abrieron una puerta y había solo una pieza chica, con una cama, un velador, una silla, una Biblia y un crucifijo en la pared. ¡Un silencio total, ni un alma!  Se agarraban unas a otras, temblando.

“¡Aquí no hay nadie!”, dijo Musalem.
   De pronto aparece una monja con el rostro cubierto con un velo, que al verlas, dio un brinco de sorpresa y preguntó:
   “¿A quién buscan?”.
Se volvieron las tres investigadoras, al ver aquella aparición espantable.

“¡LA MONJA SIN CARA!”, ante ellas.

   Las tres, quedaron paralizadas de terror y Musalem toma la iniciativa y emprende la fuga, seguida por Alicia y Solange que por el susto, no se podía casi mover y se comenzó a hacer pichí. Musalem se tiró escalera abajo y como era tan gorda, no pasaba bien por la escalera caracol tan estrecha y se iba dando de porrazos y cabezazos contras los peldaños y la baranda de fierro y gritaba:
NO ME IMPORTA EL DOLOR, NO ME IMPORTA EL DOLOR”, y daba bote y bote, mientras se cabeceaba y golpeaba en cada peldaño al caer. Detrás de ella, se tiró Alicia de cabeza que también era gorda y bajaba los peldaños, encima de la guata de Musalem, golpeándose bárbaramente, la cabeza contra los fierros y azotándose contra los muros, piernas, cuerpo, cabeza, gritando, histérica hecho una bola humana rodando con Musalem.  Solange, parada en la escalera, arriba, sin reacción, paralizada de terror, no atinaba a bajar, parecía la mujer de piedra, desde lo alto, mirando la escena.

   De pronto, la “MONJA SIN CARA”, se acerca a mirar a las 2 que iban rodando y le dice a Solange:
   “¡Pero Dios mío, esas criaturas, se van a matar!”

    Al verla, y escucharla a su lado, Solange, reaccionó con tal pánico, que se lanzó escalera abajo, rodando velozmente y cayendo sobre Musalem y Alicia, mojándolas enteramente de pichí y gritando como histérica: “MAMA, MAMACITA
   Llegaron al fin, abajo, las tres, casi no se podían parar. Estaban todas aporreadas, chasconas, moreteadas, cochinas, con las rodillas rotas, los brazos moreteados y mas encima, “MEADAS” hasta más no poder.
   Se levantaron, secaron sus lágrimas, se acomodaron, se limpiaron lo mejor que pudieron y sin hablarse, entraron a la Iglesia por donde habían venido, vieron a una monja, pero no se detuvieron, se cubrieron con las capas y salieron en fila india, por el pasillo central de la Iglesia, ni siquiera se inclinaron.
   Llegaron al patio y se fueron tiritando al baño a lavarse, peinarse, limpiar las heridas. Todo en absoluto silencio.  Luego de terminar de asearse Alicia preguntó: “¿Qué haremos ahora?”   Solange, estaba blanca como un papel.
   Musalem dijo: “Tenemos que meternos en la clase a escondidas, que no nos vean, que nadie note, que no estábamos, porque seguro, van a buscar a las alumnas que fueron al “Claustro”
   “Si”, respondió Alicia, “Nadie lo tiene que saber, vamos a la sala y entramos gateando no más”.
   “¿Oíste Solange?”, dijeron.
   “Si”, respondió Solange, tiritando como un pollo entumido.

   Así lo hicieron, entraron por la puerta de atrás de la sala gateando y se sentaron en clase.
   ¡Aquí no ha pasado nada!
   Pasado un rato, apareció MADRE PALMA, PREFECTA del Colegio, entró en la clase y preguntó: ¿“De aquí son las alumnas que entraron al CLAUSTRO?, levántense”
   Había un cerrado silencio en la sala, todas se miraron, nadie dijo nada.
   La madre, de Labores, ni se dió cuenta de nada.
   MADRE PREFECTA esperó, luego se fue.
   Todo quedó en el más absoluto silencio.
   “¿Supo la Prefecta quienes eran o no?”
   “¿Guardó silencio y no quiso echarlas?”

MISTERIO….




Mi Hermana Alicia; “Muerte de San Francisco Javier”

1953, 13 años

   Un día mi hermana Alicia cuando ella tenía 16 años las monjas del colegio le contaron la historia de la muerte de San Francisco Javier; jesuita que fallece de una enfermedad cuando estaba catequizando en China. Fue una muerte muy impresionante para mi hermana, que no se le ocurrió ninguna idea mejor, que representarla teatralmente en su curso, ante sus compañeras.


   Se compenetro tanto del personaje que para caracterizarlo mejor, hasta se cortó su lindo cabello rizado y se hizo tonsura como jesuita.
   Se cortó el cabello como basenica con un hoyo al medio y se puso un traje café con un cordel de cinturón, chalas y un rosario.

   Todas las compañeras estaban fascinadas, muertas de la risa, ante la representación dramática de la muerte del santo por Alicia, que tiritaba, ponía los ojos blancos, se desmayaba, se iba cayendo al suelo, el santo parecía que tenia epilepsia.

   Era todo un espectáculo ver a Alicia con ese corte de pelo espantoso y toda aquella indumentaria. En eso, aparece la Madre Paz, en la puerta de la sala, que no sabía qué estaba pasando y se encuentra con la actriz en plena actuación. Se quedó paralizada, muda en el umbral, viendo la actuación de mi hermana.  No podía creer el extremo que había llegado Alicia, de cortarse el pelo para burlarse del santo.
   Cuando llegó al límite de la tolerancia, interrumpió a la dramaturga con un grito: "¡Alicia, usted otra vez, falta de respeto sin nombre!", “¡a la prefectura! “

¡Y se acabó abruptamente la magistral interpretación!

   ¡Uhhh!, reclamaron las compañeras mirando a la Madre Paz, desaprobándola. Alicia se levantó del suelo, sorprendida infraganti, no le quedó más remedio que seguirla a la prefectura.
   Era Prefecta del colegio: la Madre Palma; una religiosa que había ayudado muchas veces a mi hermana a librarse de castigos, pero esta vez, Alicia iba asustada, se había pasado de la falta de respeto. Entró Madre Paz a la Prefectura primero, le explicó indignada a la Prefecta, la burla de Alicia a un santo tan importante. Gritaba; “! Échela, échela, esto es el colmo ¡”

   Madre Palma escuchó todo lo que la Madre Paz gritó y muy seria respondió: “haga pasar a la alumna, usted puede retirase”. Salió furiosa, farfullando Madre Paz: ¡estos malos elementos hay que eliminarlos! Alicia parada en la puerta, agachó la cabeza en actitud arrepentida. Esperó que saliera la Madre Paz y la Prefecta dice: “pase Alicia, cierre la puerta”. Entró Alicia muy cabizbaja.

Siéntese”, dijo la Madre muy seria. Se sentó mi hermana nerviosa, mirando apenas a la Madre y dijo:

disculpe Madre, no fue mi intención burlarme del Santo, es solo que estaba impresionada”, dijo afligida.

La Madre dijo muy seria: “Mire Alicia, usted me ha dado miles de veces la misma disculpa; no fue mi intención…, pero continúa dando problemas, sin medir las consecuencias de sus actos.

¿Qué puedo hacer con usted?

   La Madre se sujetó la cabeza pensando, mirando a Alicia y moviendo la cabeza.  Yo no quiero hacer sufrir a su madre, expulsándola del colegio por estas conductas suyas pero le daré una última oportunidad, no sé qué pasa con usted Alicia mire qué ha hecho con su pelo, dijo moviendo nuevamente la cabeza y sujetándosela.
   Mire, vamos a hacer algo, usted repita aquí lo que usted estaba haciendo en la sala tal cual, yo la veré actuar y si me río, le daré una segunda oportunidad. Vaya a vestirse como estaba, yo la espero.
   Alicia no podía caber en su asombro y partió a disfrazarse al baño y volvió donde la Madre a repetir su actuación.

   La madre la miró, sin poder contener su asombro, se ubicó en su asiento y le dijo: “comience”. Comenzó Alicia a hacer su actuación de la muerte del santo. La Prefecta se tapó la boca para no reírse, porque ella además de profesora de Psicología era muy joven y tenía mucho aprecio a Alicia, la conocía muy bien. Ella sabía la cabeza fantástica que tenía mi hermana y la comprendía, de hecho la había perdonado muchas veces.

   Pero ahora su falta de respeto estaba siendo mal ejemplo para sus compañeras, además Madre Paz era una monja a la antigua, ¿Qué podría entender? Era un verdadero escándalo para ella.

   En la escena final de la muerte, la Madre Palma no se contuvo y se sonrió tapándose la boca para disimular. “Ya basta” le dijo. Está bien, trataré por última vez de perdonarla, no sé cómo voy a salir de este problema por su causa pero que le quede claro: “será la última vez que usted me dá problemas, ¿entendido?”. Si Madre, respondió Alicia presurosa. “¡Gracias Madre, yo le prometo que esto no volverá a pasar! “.
   Al levantarse Alicia, Madre Palma le dijo: “usted debería ocupar su talento en algo relacionado con Artes, no andar burlándose de los santos, me oyó?”
“Si Madre, si Madre” respondió Alicia y salió rápido.

Nota: Mi hermana a los 17 años, entro al Conservatorio a estudiar CANTO, tiene una maravillosa voz.




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viernes, 18 de junio de 2010

ADVERTENCIA

A continuación se publicará un capítulo para el cual se sugiere la presencia de un adulto que pueda explicar lo narrado a niños y niñas que lean el blog. Leer más...

CAPITULO 29: “Los Famosos Parientes de PAPÁ”

1952, 12 años

   Voy a referirme en este capitulo a un tema muy desagradable, porque con esto, se explica mi comportamiento a partir de los trece años en adelante hasta mi edad adulta, con mis relaciones amorosas siempre conflictivas.
   Todo debido al exceso de confianza de mis padres en sus “parientes”, como en tantos casos de niños abusados, siempre son “parientes” la mayoría del tiempo.

   Los padres ni se imaginan el alcance que puede llegar a tener estos eventos en la vida de sus hijos.

   Quiero decir a estos padres: “Padres, jamás dejen a sus hijos solos a cargo de parientes dudosos”

   No voy a decir nombres, por no herir a familiares, solo mencionaré Hechos y sus consecuencias nefastas, para toda una vida de sufrimientos. Tampoco daré detalles de estos hechos, no es necesario.
   Mi padre tenía una familiar, que el admiraba profundamente porque era “médico”, y el sueño de mi padre toda la vida fue ser médico. Pero, a pesar de su vocación, jamás lo logró, por su situación económica que lo obligó a trabajar desde muy joven. Para el un médico era alguien admirable y respetable, gente buena y ejemplar.

   Ese desgraciado aprovechándose de su condición de médico, un día que yo estaba enferma de amigdalitis, mi papá le pidió que me "echara" un vistazo.
   Yo recién había comenzado mi paso de niña a mujer a los doce años, estaba iniciando mi desarrollo y tenía bastante más busto que otras niñas de mi edad. Esto dio pie para que mi examen de las amígdalas pasara a ser “UN EXAMEN CORPORAL COMPLETO”.

                     Esto es lo que se llama “Abuso sexual a menores”

   Sin llegar a mayores gracias a Dios, pero si, dejó huella para toda la vida este momento tan “traumatizante” donde yo no supe qué hacer, sin atreverme a contarle a mis padres, sintiéndome avergonzada, como paralizada, llena de pánico, incapaz de reaccionar ni contarle a nadie, excepto a mi hermana, sin defensa, sintiéndome “sucia” y experimentando un sentimiento de culpa.

   Guardé este episodio de mi vida, a tal punto que jamás lo recordé, "LO BLOQUEÉ EN MI MENTE ".
   Generalmente es lo que hacen todos los niños, “callar” por temor y “bloquear” estos hechos.

   Luego vinieron otros “ABUSIVOS”, como un primo, hijo del médico, que era universitario. Yo tenía doce años, recién pasando a la adolescencia y ya eran dos casos de “ABUSIVOS”.  Un día que me estaba duchando se metió al baño con intención de asediarme.
   Yo, espantada, me arrinconé en la pared de la tina, tapando mi cuerpo con la cortina. De pronto, sentí los pasos de mi Nana María en el pasillo y le grité:"MARIA, MARIA, VEN". María entro corriendo al baño e hizo salir al infeliz, furioso.  Luego, me envolvió con la toalla llorando en silencio y me dijo:
   “Le voy a decir a Don Osvaldo, esta es ya la segunda vez que estos hombres, parientes suyos, le hacen esto”.

   “No”, grité, “Por favor no le digas a mi papá, porque el cree que sus parientes son tan buenos,¡Te va a echar a ti por decir esas cosas de ellos!”.
   María respondió: “¡Pobre Don Osvaldo, esta tan engañado!, pero le aseguro que esto no va a volver a pasar nunca más, yo la cuidaré siempre que ellos vengan”.

   Luego, el mismo año, un tercero, pariente de mi mamá, también universitario. Como venía de provincia, vivía en nuestra casa.  Pero con este yo ya estaba más avisada. Sucedió que mamá me mandó a su pieza a llevarle una taza de té, porque estaba enfermo en cama.
   Yo no quería ir y mi mamá se enojó mucho conmigo. Ella tenía el más alto concepto de este familiar suyo y no podía admitir que yo me negara a llevarle una taza de té,(yo siempre me andaba corriendo, porque este tipo me desagradaba).  Pero esta vez ella se puso muy furiosa conmigo y me obligó a llevarle la taza al enfermo, sino no podría salir a jugar.

   Cuando le fui a poner la taza en le velador, el enfermo estiró la mano y me agarró. Yo, en mi desesperación, le di un tirón y pesqué la taza y se la tiré encima, luego salí corriendo.
   ¡Pegó un grito el idiota! Mi mamá fue corriendo a ver que ocurrió.
    Pero hijito,¿qué pasó?”, preguntó.
   "Nada tiíta", dijo, con el ojo rojo, apretándose la cara por el dolor, fue la Toñi, que se le cayó la taza encima sin querer.  Mamá le pasó inmediatamente otro pijama y le trajo una pomada para el ojo. Yo, escondida detrás de la puerta, muerta de susto, pensaba que castigo mi iría a dar mi mamá.

“¡Por Dios, esta niñita inútil, como te fue a dejar! Yo le diré que te traiga otra taza de té”, dijo mamá, “Voy a retar a esta chiquilla estúpida”.

   Yo me encerré en mi pieza con mi hermana y le conté todo lo ocurrido.  “Ese infeliz asqueroso”, decía ella, “lo peor es que no se saca nada con decirle a nuestros padres, porque seguro le van a creer a él, porque el pobrecito jamás haría algo así ¡Pero si es tan inteligente!”
   Yo lloraba y me tiritaba todo el cuerpo. De pronto sentí ganas de vomitar, mi hermana me acompañó al baño y vomité hasta las tripas. Luego me acosté en la cama y me vino un terrible dolor de cabeza. En eso, venía mi mamá a retarme y Alicia me dijo que me hiciera la dormida.

        Luego llegó mi papá y preguntó porqué estaba en cama.

    “Tengo un fuerte dolor de cabeza”, dije, “Ya se me va a pasar”
    “Pero tienes lo ojos rojos”, dijo, y me puso paños fríos.

   Salió papá y Alicia me dijo:  "No te acerques a él por ningún motivo, ni vuelvas a entrar a su pieza, aunque te mande mamá. Y si llegas del colegio y no está María, ándate a la casa de Tía Lila".

    Luego se sentó en la cama y comenzó a hablarme de los peligros que tendría ahora que era señorita, que podía quedar embarazada si un hombre me obligaba a tener relaciones con él, “Tu ya no eres una niña, ahora eres una mujer, tienes que cuidarte de todos los hombres, no confíes en ninguno.”
   Tampoco podía hablarme tanto de sexo, porque ni en el colegio ni en la casa, se hablaba de sexo, porque era sucio, esas cosas no se conversaban.
   Solo sabia que mi cuerpo estaba cambiando, que había sangrado, que me estaba apareciendo busto, caderas, engordaban mis piernas y que había que cuidar el cuerpo. No lavarse el pelo con menstruación porque podía quedar tonta, no hacer gimnasia, ni subirme a los árboles nunca mas, ni andar en bici, esos días. 
   Mi hermana a partir de esos días se transformó en una verdadera guardiana mía, que me prevenía de todos los peligros. Yo sentí que mientras me abrazaba, una lágrima suya cayó en mi rostro. La miré, tenía las mandíbulas apretadas de ira, y decía en voz baja para si misma: "Nadie mas hará ningún daño a mi hermana".
                      Ella tenía tanta ira e impotencia como yo.

   Yo no tuve conciencia hasta los dieciocho años de las “consecuencias” de estos hechos, cuando fui a ver a un psicólogo para preguntarle por qué tenía tanto miedo a que los hombres me tocaran.
   Yo archivé estos episodios en mi cabeza, de tal manera, que los olvidé totalmente, y no comprendía mi conducta de rechazo desde los trece años a cualquier insinuación amorosa.

   Luego, mas tarde cuando tantos especialistas me trataron a través de mi vida vine a comprender que la “raíz de todos mis miedos”, rechazo a lo sexual, desconfianza hacia los hombres, mis eternos amores platónicos, mi autoestima destruida, mis eternas “fugas” ante cualquier acercamiento amoroso, mis jaquecas, mi extrema timidez, inseguridad de mi misma, dificultad para relacionarme con las personas, se debían a estos acontecimientos que yo en mi inconciente los tenia “BLOQUEADOS”.

   Pido perdón a estas personas que yo dañé, que traté injustamente, hasta con crueldad y frialdad, en mi afán de huir de toda manifestación amorosa que comprometiera mis sentimientos.

   Pasé toda una vida sin entender mi comportamiento y preguntándome por qué lo hacía. Recién ahora a mis 69 años logré entender la “razón” de toda mi forma de actuar. Desde los 13 años.


CIERRE DE CAPITULO
“Los parientes de mi padre”
2009, 69 años

   En este capítulo, comienzo el trabajo de “cerrar capítulos”, inconclusos, incomprendidos, mal terminados, no sanados de mi vida, ayudada por Miguel y Fabiola,  psicólogos  que son parte de un equipo multiprofesional, que están tratando mi fibromialgia, que padezco desde los 27 años de edad.

   Ellos me están ayudando a entender mejor las causas que gatillan mi enfermedad e ir enfrentando estos momentos dolorosos de mi pasado, en bien de mi salud. Es todo un “equipo profesional”, que trabajando en conjunto, están ayudándome a salir adelante.

   A cargo de mi médico de cabecera, Dr. Bertossi, los kinesiólogos que tratan mis dolores, los doctores que me alivian mis malestares con terapia neural, Dra. Calderón y Dr. Isla, mi nutricionista que controla mi alimentación adecuada por fibromialgia, mi osteopata cuando sufro crisis de dolor.

   Hoy se cierra este capitulo, que es la “raíz” de toda mi forma de actuar, tan dañina para mi misma y para muchos seres queridos.

   MIGUEL Y FABIOLA me aconsejan hablar abiertamente de este capitulo de mi vida a mi esposo James, con el que llevo 39 años de matrimonio y siempre tuve temor y vergüenza de abrir este tema.

   Pero al fin he podido superar este temor y conversarle abiertamente sobre estos hechos “bloqueados” en mi inconsciente, que tanto me han afectado en mis relaciones amorosas y en mi convivencia matrimonial.

   Siento un infinito alivio de haber podido sostener esta conversación con mi esposo, en la verdad, y así en adelante, dejar todo este “daño” y vivir el “hoy”, con una nueva esperanza y actitud y como consecuencia, disfrutar de una notoria mejoría en mi enfermedad (fibromialga), íntimamente relacionada con mis “temores”.

   Agradezco a tantos profesionales, que fueron abonando el terreno, para llegar a este avance en mi sanación, tanto psicológica como física.
   No quiero mencionar a cada uno por no olvidar a alguna persona, pero muchos fueron los que cooperaron para llegar a este feliz término.
   Psicólogos, psiquiatras, amigas, amigos, mi hermana, sacerdotes, catequistas, terapeutas, doctores, profesores, etc.
  
   También a la terapeuta María Elena Albornoz, que me alivió intensamente con sus terapias y sobretodo con su incondicional amistad y amor.

   Finalmente miprincipal apoyo”: “MI ESPOSO JAMES”, que con su ternura, amor, infinita paciencia y comprensión, su inagotable generosidad de espíritu, fue sanando poco a poco mis heridas, y a mis psicólogos Miguel y Fabiola, que aconsejaron abrir el dialogo con mi esposo sobre estos hechos.

“GRACIAS SEÑOR, POR TODOS ESTOS ANGELES QUE PUSISTE EN MI VIDA”
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DATOS SOBRE EL ABUSO A MENORES


Abuso Sexual Infantil:
* Es cualquier contacto sexual entre un adulto y un niño sexualmente inmaduro (definido social y fisiológicamente), con el propósito de la gratificación sexual del adulto; o cualquier contacto sexual de un niño por medio del uso de la fuerza, amenaza o engaño para asegurar la participación de éste; o el contacto sexual donde el niño es incapaz de consentir en virtud de la edad por diferencias de poder y por la naturaleza de la relación con el adulto (Finkelhor y Redfield, 1984).
Tipos de Agresión Sexual:
Dependiendo del vínculo previo entre víctima y agresor.
o Intra familiar: Incestuoso; Entre el 35 y el 45% de los casos el abusador es un pariente directo.
o Extra familiar: Del total de los abusos entre un 50 y 55% es perpetrado por un conocido de la familia y de la víctima, mientras que solo entre un 10 y 15% de los abusos contra menores los perpetra un completo extraño.
Mitos:
o El delincuente es una persona desconocida para la víctima.
o Los abusos son un problema del pasado.
o Los abusos a menores son poco frecuentes.
o El consumo de drogas y alcohol causan las agresiones.
o El abuso sexual sólo ocurre en familias de bajos ingresos.
o Las víctimas de agresiones sexuales buscan ser abusadas.
o Los niños crean e inventan historias de abuso sexual.
* La mayoría de los agresores sexuales fueron abusados en su infancia.
* Es más grave la violación a un niño hombre que a una niña.
* Los niños hombres agredidos sexualmente serán homosexuales.
* Las niñas mujeres serán promiscuas.
* El maltrato, descuido y abandono no es tan grave como el abuso sexual.
* Los niño(a)s quedan marcados.
* Si ocurriera cerca de mi entorno, me enteraría.
Si usted sospecha de que un menor que usted conoce esta siendo abusado informese en:
Centro de Asistencia a Víctimas de Atentados Sexuales - CAVAS
Ante una recomendación hecha por las Naciones Unidas, de crear centros de asistencia a las víctimas de abuso sexual, nace en 1987 el CAVAS. Se preocupa de informar, orientar y sensibilizar a la comunidad respecto de agresiones sexuales. Se busca desmitificar el delito entregando una visión real del abuso y educando a la comunidad.
Este grupo de sicólogos, siquiatras, asistentes sociales, entre otros, cumplen una función primordial de recuperaración de la víctima.
El CAVAS atiende completamente gratis a las personas que acudan a él. Su único objetivo es entregar una atención policial, sicológica, jurídica y social, con independencia de la denuncia judicial. Esta característica lo hace único en su tipo en Latinoamérica.
Consejos útiles:
En caso de una agresión sexual es vital proteger las pruebas para condenar al culpable. Se recomienda seguir los siguientes pasos:
-Avisar inmediatamente a un adulto responsable.
-No alterar la ropa íntima.
-No lavar la zona genital.
-Trasladar a la víctima al Departamento de Sexología Forense del Instituto Médico Legal, que se ubica en Avenida La Paz 1012 (atiende las 24 horas).

Román Diaz 817, Providencia - 2640431 - 2642493



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De Izquierda a derecha Miguel Socías, Fabiola Soriano, María Antonieta Montecinos y James Parker