Al Lector; por María Antonieta Montecinos

Esta biografía ha nacido de la necesidad, en primer lugar, de dar a conocer a mis hijos y descendientes, la historia de mi vida,...Leer Más>>>

domingo, 18 de marzo de 2012

CAPITULO 73 SALADILLO segunda parte

Mis hijos

Nace mi primogénito Christopher Parker Montesinos el 24 de septiembre de 1975. 

En la clínica Santa María por cesárea a las 7 de la mañana.   Tengo 35 años.   Nace de nueve meses y se me presenta al noveno mes de embarazo una “colestacis gravídica”, que es un problema hepático que provoca una picazón en todo el cuerpo, día y noche ¡insoportable!.   No había nada que hacer, solo echarme talco mentolado que no servía para nada.

Durante los ocho meses que estuve bien, hice los ejercicios de mi tío Gualo Guerra, científico notable que estudiaba la influencia en el feto de las emociones y el quehacer de la madre durante el embarazo.   Ya antes había realizado estos ejercicios para niños pequeños relativos al sueño en mi práctica de sala cuna, obteniendo resultados asombrosos en la reducción del tiempo en que el niño se demoraba en dormir, según el estímulo que recibiera.   Yo hice tres ejercicios por ocho meses:
1.    poner música clásica todos los días para que el niño amara la música,
2.    poner flores en mi dormitorio para que amara la naturaleza y
3.    contaba en voz alta hasta cien diariamente, y repetía las tablas para desarrollar habilidades matemáticas.

Como resultado en la música Christopher aprende flauta desde los siete años, manifestando grandes aptitudes musicales, luego la directora de la Escuela Moderna Sra. Elena Waiss, lo selecciona por sus aptitudes para estudiar piano becado con ella.   Estudia ingeniería forestal como resultado de mis ejercicios para amar la naturaleza y las aptitudes matemáticas.   Compruebo que las teorías de mi tío dan resultados concretos.

Christopher de meses en brazos de su padre

Christopher de meses en brazos de su madre

Christopher de 12 meses en brazos de su madre en Rapel

Christopher mirando la vida
Christopher de 4 añitos con sus primos en su primera escursión a la naturaleza salvaje, en el nacimiento de un amor forestal irrefrenable.

Christopher de 6 añitos en su cumpleaños en siglo XX 282.

Christopher felicisimo en Jardin Infantil de Crucero Exeter

Christopher en Colegio Hispano Americano, camisa blanca, tercero de derecha a izquierda. Por unica vez sin agarrarse a combos con sus compañeros.
Christopher cumpliendo sus deberes civicos y militares, en el Batallon Germania, con su padre y abuela Gloria
Christopher abrazando un arbol amigo. haciendo honor a su apellido Parker (cuidador de parques)
Christopher ya en pleno ejercicio de su amor a la naturaleza forestal, queriendo abrazar a todo un bosque y desolado frente a la muerte de un amigo..

Christopher y Patricia, in eternum love.

Nacimiento de mi segunda hija Kathleen Parker Montesinos, 13 de noviembre de 1976.   
Nace en la clínica Santa María por cesárea.   Con ella la “colestacis gravídica” se manifiesta desde el octavo mes.   Hago las siguientes actividades y/o ejercicios de mi tío Gualo:
1.    estudiaba psicología.
2.    veía muchas fotos y libros con imágenes de fotos y cuadros de pintores famosos.
3.    Comienzo a sentir ansiedad y angustia por la picazón de día y de noche.
4.    Sufro de insomnio y dolores de cabeza.
5.    Veía programas humorísticos en la televisión.
6.    rezaba mucho.

Como resultado Kathleen es muy intuitiva y le gusta mucho la psicología; es un buena fotógrafa profesional; tiene tendencia a los dolores de cabeza periódicos, ansiedad e insomnio, tiene mucho sentido del humor; tiene una mayor tendencia religiosa que el resto de mis hijos.   Compruebo que con Kathy, también las teorías de mi tío son ciertas.   Durante el embarazo el feto experimenta las mismas emociones de la madre y recibe toda la información de la madre durante su periodo de gestación.


Kathleen despistada y ambientandose en cumpleaños en Saladillo

Kathleen manteniendo un mirada inquisidora y desconfiada de su entorno

Kathleen atenta a un ataque posterior y tratando de arrancar con las patas chuecas en el San Cristobal

Kathleen inspeccionando al fotografo y casi contenta de ser plasmada su figura en el celuloide.


Kathleen en su bici sin rueditas, en la calle Siglo XX

Kathleen en la 1a Comunion con su corona de santidad

Kathleen veraneando en los lagos del sur y mostrando su juvenil belleza

Kathleen feliz de la vida y mostrando su belleza al mundo cibernético.  ¿Que tal?

Kathleen en una belleza madura.

Nacimiento de mi tercera hija Eileen Parker Montesinos, 5 de octubre de 1978.
Nace en la clínica Santa María por cesárea de urgencia a las 8 de la mañana.   El doctor Rodríguez me recomienda que permanezca en cama desde el inicio de la gestación.   Siento molestias desde el principio: arcadas, dolores de estomago, falta de ánimo, la piel amarilla, picazón.   Al séptimo mes el médico decide abortar porque el feto no crece y no se mueve, dice que es necesario decidir entre mi vida y la del feto; el estima que no puedo dejar dos hijos sin madre, por lo tanto fija fecha para hacer la operación.

Yo me niego y busco desesperadamente un milagro y este viene a través de un sueño el cual se narra a continuación.

SUEÑOS PREMONITORIOS
“Un sueño salva la vida de mi hija, la Leche Ácida”
16 de Septiembre, 1978

A los siete meses del difícil embarazo que tuve de Eileen, me encontraba en cama, con colestacis gravídica, mientras ella se moría en mi vientre porque no se estaba desarrollando.   Era mi tercer embarazo.

Cuando mi obstetra, el Dr. Rodríguez diagnosticó el estado de mi hija, dijo que debía operar para sacarla, porque de lo contrario yo moriría junto con ella.   Ya me habían hecho todos los exámenes y por su resultado se veía que no había remedio y que se debía practicar un aborto terapéutico: ella igual iba a morir a los tres días.

Ya había consultado a otros médicos y opinaban lo mismo, no podría tener más hijos.   Había pasado los tres embarazos con colestacis gravídica, rascándome el cuerpo día y noche.

El día viernes me citó para el lunes con el fin de practicarme el aborto, pero yo no podía aceptar perder a mi hija; sólo pensaba, día y noche, en qué podría hacer.   Sentía que mi mente iba a explotar de tanto repetirme: “¡No, no, no! Mi guagua no va a morir, tengo que hacer algo”

Por la noche tuve un sueño: Estaba en una camilla y un doctor me echaba con un cucharón por la boca una cantidad inmensa de un líquido lechoso, ácido, diciéndome: “Traga, traga que va la vida  de tu hija y la tuya”.   Yo encontraba el líquido asqueroso, pero tragaba y tragaba.   Desperté con una certeza: “Mi hija puede salvarse con ese líquido lechoso”.

Llamé al doctor y le conté mi sueño: “No hay líquido lechoso que salve a tu guagua”, me dijo, “eso es sólo un deseo tuyo.   ¿Qué crees?, ¿qué es realidad?, es sólo un sueño”

Me daba vueltas y vueltas en la cabeza qué cosa hacer…”un líquido lechoso ácido”, pensaba.

Me puse a rezar, a pedirle a Dios que salvara a mi hija, que me iluminara el camino.   De pronto tomé Las Páginas Amarillas, hice una oración y abrí una página al azar y puse mi dedo en un punto, ni siquiera busqué médicos ni nada, fue completamente al azar.   Cerré los ojos, luego miré y mi dedo señalaba: Dr. Katz, hepatólogo.

Llamé por teléfono para pedir hora, y me dieron para dos meses después; entonces le expliqué a la secretaria que era un caso urgente, de vida o muerte.   Ella respondió: “Es imposible, el doctor tiene su agenda completa hasta dos meses más”.   En vista de lo cual, decidí ir, simplemente.

Había una sala de espera repleta.   El Dr. Katz era un médico alemán hepatólogo, especialista en hígado, muy destacado, una eminencia.   Además sus honorarios superaban lejos el dinero que yo llevaba.

Me acerqué a la secretaria, le expliqué la situación, le supliqué, pero no hubo caso; ella fue categórica: “Señora, le dije por teléfono que era imposible que el doctor la viera”.   Justo en ese momento iba saliendo una paciente, y mientras ella se acercaba a la secretaria, aproveché de entrar a la oficina del doctor y cerré la puerta por dentro.   Entonces le expliqué mi problema lo más rápido que pude, antes de que la secretaria volviera.  

El doctor no entendió casi nada, sólo que yo estaba desesperada.   No pasaron dos minutos y la secretaria golpeó la puerta, el doctor le dijo que pasara, pero ella gritó: “la puerta está cerrada, doctor”.   Él sonrió y me dijo que le abriera.  

Al abrir la puerta ella entró como un bólido y empezó a decirle, gritando, que yo me había metido sin tener hora, que ya antes me lo había explicado, que ella no tenía la culpa.   Mientras hablaba, yo le rogaba al doctor, llorando, que me atendiera, aunque fuera sólo un minuto.   Entonces, el doctor, muy tranquilo le dijo a la secretaria que no se preocupara y que solucionara la situación de la paciente que venía porque él me iba a atender como urgencia.   Le di las gracias llorando.

“Explíqueme bien su problema”, me dijo.  

Así lo hice y le conté el sueño, y de cómo había llegado hasta él, al azar.   Además tuve que disculparme por el apuro, porque no llevaba dinero suficiente para pagar la consulta, pero que mi esposo se lo vendría a dejar.

“No se preocupe por eso”, dijo y empezó a anotar mis datos.   Vio mi ecografía y todos los demás exámenes; pensó y dijo: “mire, todo lo que usted me cuenta me parece increíble”, “no es que yo sea ateo, pero soy un científico…usted comprenderá que todo lo que me cuenta me parezca incomprensible…”.    “¿Sabe lo que le voy a dar?, le voy a dar a tomar su leche asquerosa, ácida, en gran cantidad, se tomará 15 cucharadas soperas de PEPSAMAR  tres veces al día”, asegurándome que en tres días mi guagua, que estaba casi muerta, iba a revivir.   “¿Conoce el Pepsamar?”

“No”, respondí.

“Pues es como una leche ácida, asquerosa, cono usted dice.   Hágame caso, tómese esta receta a partir de hoy mismo y verá que el lunes su guagua estará bien y continuará su desarrollo”.

No podía creerlo “¿doctor, es verdad?”.   Me acerqué, le di un beso y un abrazo.   “¡Gracias, gracias!.   Que Dios se lo pague”

Le reiteré que mi esposo iría a cancelar sus honorarios, pero él me dijo:

“No me pague nada ahora, Cuando tenga a su guagüita, me la trae, ése será el pago.”

Salí de la consulta, la secretaria me miró con odio, pero eso era indiferente para mí, sólo mi guagua importaba.

En cuanto llegué a la casa mandé despachar la receta, eran cerca de 15 botellas de Pepsamar.   Me acosté como él indicó, pedí comida sin grasa y empecé a tomar el remedio; efectivamente su sabor era ácido y asqueroso, pero yo seguí las indicaciones del doctor, religiosamente.   Paso el viernes toda la noche, el sábado y el domingo.

Ya el domingo en la noche, sentí como un movimiento en mi vientre, era increíble, ¡mi guagua se estaba moviendo!, “¡no está muerta, no está muerta!”, grité.   El doctor tenía razón, al tercer día mi guagua se movió… ¡el sueño era verdad!

Esa noche no dormí casi nada, por la agitación.   Al día siguiente, el Dr. Rodríguez tenía reservado para las 11: 30 el pabellón para practicarme el aborto.  

Ese día fuimos con Jimmy a hablar con el Dr. Rodríguez, quien ya se estaba preparando para la operación.

Entonces yo le dije: “Doctor, usted no me va a operar, porque mi guagua está viva.   ¡No está muerta!”, y le conté lo de la visita al Dr. Katz.   Él miró a Jimmy riendo y dijo: “¡PEPSAMAR!”, ¡eso es lo mismo que le hubieran dado Agüita de las Carmelitas!.   Y los otros médicos que estaban en la sala también se rieron.

Yo le dije que tenía que hacerme otra “ECO”, para comprobar que mi guagua se movía y que estaba creciendo.   Entonces él se dirigió a Jimmy y le dijo: “Tengo pedido el pabellón, no puedo esperar más, ahora ya no hay ecografía que valga”, pero yo le dije: “ Lo siento, doctor, si usted no me hace primero la ecografía, yo no me opero”.

El doctor le repitió a Jimmy que el pabellón ya estaba pedido y que de todas maneras se lo iban a cobrar.   “No me importa”, dijo Jimmy, “si a mi esposa eso la deja más tranquila, por favor, hágale la eco, no se preocupe por el dinero”.   De malas ganas el doctor le dijo que pediría una ecografía de inmediato.

Cuál no fue la sorpresa del doctor al ver que mi guagua sí se movía, que había crecido y que estaba perfectamente bien.   No lo podía creer, llamó a sus colegas para ver mi examen; ellos se quedaron pasmados al ver que mi guagua estaba bien.

Al Dr. Rodríguez no le quedó más remedio que reconocer su desconocimiento frente a semejante tratamiento.

“Deme el nombre del colega, para conversar con él”, me dijo.

Después de hablarle del Dr. Katz, nos fuimos a la casa, a continuar el reposo y el tratamiento con Pepsamar.

A los siete meses y medio, la guagua ya no creció más, y yo no podía soportar la picazón en todo el cuerpo.  

Llamé al Dr. Katz, y él me recomendó una cesárea; ya no había ningún peligro.

Así fue como nació mi hija Eileen, ¡la guagüita más linda del mundo!, el día 5 de octubre de 1978, en la Clínica Santa María.   (Resucitó al tercer día, igual que Jesucristo).  

¡Dios sea alabado!

Mi catequista, Juan Figueras, me dijo que después de escuchar la historia del nacimiento de Eileen, veía ese acontecimiento como una clara intervención de Dios:

Dijo: “Todo lo que nos ocurre desde el nacimiento hasta la niñez, está profetizado, significa que Eileen algún día va a experimentar la Resurrección de Jesucristo en su vida.   No te preocupes si no viene ahora a la Iglesia, te aseguro que algún día experimentará la FE en Jesucristo y la Resurrección.   ¡Es una llamada de Cristo, desde el mismo día de su nacimiento!”

“Impresionante cómo se manifiesta Dios en la Historia de las personas”, dijo “tú reza por ella, nada más, no te preocupes”.

Yo sé que así será, pensé yo, algún día Eileen conocerá a Cristo resucitado, algún día ella experimentará la fe, porque desde su nacimiento es una escogida.

GRACIAS  SEÑOR  POR  TU  AMOR,  POR  ESTA  HIJA  NACIDA  DE  TU  ESPIRITU  SANTO



Durante el embarazo no pude realizar ningún ejercicio a causa de la picazón que se inició desde el comienzo del embarazo, además eso me causaba angustia, insomnio, desesperación por este rascarse toda la noche.

Al consultar con mi tío Gualo, luego del nacimiento de Eileen y explicarle la causa del no hacer sus ejercicios, el consideró que la criatura igual iba a recibir algo de toda mi historia vivida tan impresionante.   Me dijo “seguro que dejará huellas en su carácter”.   Y así fue porque Eileen tiene un carácter fuerte, exigente, dominante y decidido, que lo sacó de la situación que viví y que me obligó a forzar mucho mi carácter más bien débil.

En resumen lo único que hice durante el periodo de gestación, fue recibir los cuidados de mi tía Zulema, quien me hacia las uñas, me arreglaba el cabello, me echaba crema en las manos, en general de que estuviera bonita.   Como resultado de estas vivencias, Eileen hoy es Esteticista profesional.

Eileen encumbrando volantin en el Cajon del Maipo

Eileen entrando en sus primeros conocimientos religiosos, con Antonieta rezando en El Quisco

Eileen por fin comiendo sola lo que ha ella le gusta. ¡Que rico!.

Eileen atrapada por sus primos Ramiro y José Luis: ¡Entrega tus juguetes!.

Eileen continúa su educación religiosa con mucho respeto. Eucaristía de San Joaquin

Compartiendo con su hermana Kathleen e hijas de hermanas de la comunidad.

Eileen y su muñeca favoria "La tiernecita"

Eileen participando como virgen Maria en un representación navideña con sus hermanos de comunidad en parroquia San Joaquin


Eileen arrancandose de la clase de matematicas

Al fin terminé la media


Eileen en todo su esplendor de belleza

Eileen en otra faceta de su belleza

Eileen cual artista de cine, disfrutando de las termas

Eileen posando para la fama inminente








                                                “EGIPTO   (SALADILLO)”
Muchos años después, estaba yo dando la Catequesis de ABRAHAM a unos hermanos de Santa Adela, donde les contaba como Abraham fue llevado a Egipto, una tierra de paganos, donde él juró que decía muchas mentiras para que no lo mataran.   Yo les di, entonces mi testimonio de mi Egipto, donde el Señor, me mandó, 7 años en Saladillo, donde yo también dije muchas “mentiras para que no me mataran”.

Yo, en realidad, en este mundo, materialista, de afán de ser y pasar por encima del otro, infidelidades, donde no se escuchaba la palabra Dios, y toda esa vida de escalamiento, era extraña para mí.

Yo lo único que deseaba día a día, era volver a mi Comunidad.   Pero el Señor quiso mandarme a Saladillo (Egipto) para depurar mi fe, igual que ABRAHAM.   Allí estuve 7 años, diciendo puras “mentiras, para que no me mataran”.

Cada mañana, me levantaba pensando, cual es la chiva, que le diré a la Verónica, a la Mariluz, a la Ximena, para conciliar con ellas “hoy” y librarme” que me acribillen a preguntas que yo no tenía idea.   Que la moda, que los chismes, que las amistades convenientes, que las infidelidades de sus maridos, que su aburrimiento, etc.   Yo, igual que ABRAHAM, decía puras mentiras, que si reconocía esos personajes, o lo que hacía en mi casa era ver Tv, cuando lo que hacía era escribir y estudiar los Salmos hasta altas horas de la noche.

Yo tenía miedo a ese mundo, donde no encajaba, donde me sentía una extranjera, donde esos Ídolos y esos Valores, a mí, ya no me interesaban, porque llevaba en mi corazón esta “PROMESA” y sabia que ni la plata, ni el status, ni el prestigio, ni el afán de destacarme, ni las fiestas, ni las joyas, ni abrigos de pieles, ni viajes, ni autos, ni reuniones en el Club de Campo, me darían esa “FELICIDAD”, que Dios me había prometido y yo esperaba secretamente, por 7 años, aunque Jimmy, me decía, que me olvidara de la Comunidad, que nuestro Destino estaba allí, que no pensara más en volver.

Recuerdo, como anécdota graciosa, para que vean como yo vivía en la mentira, a FIESTA aquella que hizo Codelco, donde me sentía tan perdida entre tantas pieles, joyas, ropa elegante, autos último modelo y nosotros en nuestra citroneta.

Yo era la única en la Fiesta, que no llevaba pieles ni joyas de oro y una citroneta cacharrienta.

Me sentí tan sola, porque las mujeres, me miraban como Anita, la huerfanita.

Comenzó a sonar música para bailar y como no conocía a nadie, me acerqué a un viejito, que estaba como solo.

Y pensé: “Con este viejito  peladito, voy a bailar yo” y lo saque a bailar.

Nunca olvidaré, las miradas asesinas de  mis amigas y demás mujeres.   Luego, ellas me comenzaron a saludarme amablemente.   Yo no entendía, el cambio tan radical de actitud.

“¿Porqué estaban tan enojadas y nerviosas, porque yo bailo con este viejito?”

Y cuando vi, que todo el mundo, comenzaba a saludarme, tan amablemente, comencé a sentir miedo.

“¿Qué será?” me preguntaba.

Era, que el peladito, era nada menos, que el “Gerente de la Mina”, y yo establecí una entretenida conversación con él y se reía conmigo, daba la impresión, que nos conocíamos, pero yo no lo había visto, en mi perra vida.

Yo que no salía de mi casa jamás, cuando supe; sufrí una impresión terrible.

Y vi, como el Señor, me salvaba de mis mentiras, sin que nadie sospechara, que yo no tenía idea, quien era ese viejito.   Con razón, estaba tan solito.

Cuando llegó Jimmy, me tomó del brazo y me dijo: “¿Qué haces bailando con el Gerente?”.

“Ese viejito no habla con nadie”, dijo y estaba molesto, porque todos me miraban.

Me llevó, apretándome el brazo y empujándome hacia nuestra mesa.

Yo quise venirme, después de todo, las fiestas multitudinarias, me cargan y tanta ostentación.

¡Qué porquería! ¡Para qué quería estar ahí!

Jimmy venia molesto, por mi falta de ubicación y le daba tanta importancia.

“¡BAH!” le dije yo, ¡Con él viejito nos entendimos perfectamente!


Y esa fue mi magnífica actuación pública, así que en lo sucesivo, continúe quedándome en mi casita como siempre.
El baile con "el viejito"




Hasta que un día, el Señor cumplió su “Promesa” y nos sacó de allá.

Por fin en 1980 Jimmy es trasladado a Codelco Central, volvimos a vivir en Santiago y continuamos en nuestra comunidad Neocatecumenal.

“DIOS SIEMPRE CUMPLE SUS PROMESAS”.
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miércoles, 15 de febrero de 2012

CAPITULO 73 SALADILLO primera parte

Camino a Saladillo
1973 – 1980.
Jimmy egresa de la Universidad de Chile en 1972 y comienza a trabajar en CODELCO Central el 2 de Marzo de 1973.

Luego es trasladado a la hoy División Andina, con residencia en Saladillo, que es un campamento minero en la cordillera cerca de Portillo.   Allí vivimos desde Agosto de 1973 hasta Febrero de 1980.

Era un campamento construido por norteamericanos y para norteamericanos, que antes estuvieron allí iniciando en 1970 la explotación de la mina Rio Blanco.

Era con mucho confort según estatus y las casas y departamentos separados, los ejecutivos de los supervisores y estos de los empleados y estos otros de los obreros.

El paisaje era espectacular, rodeado de cerros, con un cristalino y helado rio Blanco.   Mucha naturaleza alrededor del campamento.

Las casas donde vivíamos eran cómodas, especialmente pensadas para el resistir el frío cordillerano, porque allí nevaba y llovía casi todo el invierno.   Todas con un inmenso calefactor a parafina con un termostato que mantenía la temperatura adecuada, pero el ruido de su funcionamiento era importante.   Esta calefacción era para mí fantástica, siempre he sido muy friolenta, y dentro de la casa no hacia ni frio ni calor.   La casa pareada tenía dos pisos, abajo una cocina muy bien equipada, con un refrigerador inmenso, donde se podían congelar alimentos para varias semanas, de acuerdo a las posibles emergencias invernales, uno quedaba bien abastecido.   La cocina ultra moderna con encendido automático y vista a los cerros desde una amplia ventana.   El living grande con gran ventanal y hermosa vista cordillerana.   El comedor a la americana, cerca de la cocina.   En el segundo piso con cuatro dormitorios grandes, también con grandes ventanales y muy iluminados.   Todo el piso de la casa era flexit.   Un baño con una gran tina moderna.   También un patio trasero con un gran lavadero.

El campamento constaba de un supermercado grande y moderno, muy bien abastecido, con productos de excelente calidad.   Una gran escuela donde asistían los hijos de los obreros y algunos empleados.   Los hijos de los supervisores y ejecutivos iban a colegios en Los Andes y San Felipe.   Había también una enorme plaza con árboles frutales, de los cuales se podía comer libremente, esto es porque originalmente esta área era la Hacienda Saladillo dedicada a los nogales.   Había también juegos infantiles.

También existían canchas de tenis y una gran piscina olímpica.

Lo más genial era el cine gratuito, que exhibía películas diferentes cada día, algunas que se estaban estrenado en Santiago.   ¡Eso era espectacular!.   Estaba siempre lleno.

Cuando nos visitaban mi hermana y su familia, mis sobrinos disfrutaban gratis y muy felices de las mejores películas.   Era súper entretenido, porque la televisión a veces no funcionaba a causa de la nieve u otro problema técnico.  
Mi madre, yo, Waldeme y su esposo Osvaldo mi hermano, Alicia mi hermana.
Existía un gran hospital muy bien equipado con toda clase de especialistas y atención gratuita.

En verano hacíamos picnic con los amigos, cerca del rio.   Hacíamos asados y los niños se bañaban y nos les importaba el agua fría de cordillera.

Con nuestros amigos e hijos en el rio Blanco
Para pasar al otro lado del rio, existía un puente colgante que cuando llovía o nevaba mucho, Angélica, que trabajaba en nuestra casa, no podía atravesarlo, por tanto me tocaba cocinar.

También contaba con un reten de Carabineros y una iglesia donde íbamos los domingos a misa.

La División mantenía un Club de Campo cerca del pueblo de Rio Blanco, con un restorán donde se podía ir a comer con la familia y amigos.   Tenía una gran chimenea de leña, lo que lo hacía muy acogedor.   Además tenía cancha de Golf, piscina, etc..   Siempre rodeado de un paisaje impresionante, cerros verdes por todas partes, mucha naturaleza que a mí me encanta.   En la noche un cielo limpio y sereno lleno de estrellas, era un lugar muy hermoso.

Al llegar a Saladillo, había una nombrada casa frecuentada por los mineros, que yo nunca supe donde quedaba, pero que era preocupación de muchas esposas, causante de periódicas peleas y discusiones.

El tiempo vivido en Saladillo, fue para mí un tiempo de soledad.   Jimmy en la mina, a veces por dos semanas, si había nieve y no se podía bajar.   También fue un tiempo de meditación, sobre todo en la noche.   Aquella nieve mágica, cayendo silenciosa, cubriendo poco a poco el paisaje de blanco, esos pompones me estremecían, pasaba horas admirando aquel espectáculo.   Nunca olvidaré esa vivencia; sentía una paz, un recogimiento, una reverencia ante Dios, que creó algo tan puro y bello.   Cuando Jimmy no podía bajar, yo me iba al living de noche y contemplaba este paisaje que se iba dibujando, como si un pintor, pusiera ante mí, paleta a paleta, un cuadro.   Me dejaba el corazón callado, sobrecogido, escondido, como paloma de convento.   Entonces, me dedicaba a escribir los salmos y ponerles notas para guitarra y así llevarlos el sábado, cuando íbamos a Santiago a la Eucaristía, y enseñárselos a tocar a los hermanos catecúmenos, que nos reuníamos en casa de mis padres en siglo XX.  


Jimmy en la mina en epoca de invierno, encerrados en el "Hotel Hilton"

Luego, durante el día trataba de aprender a cocinar con un libro de cocina, cosa que para mí era espantoso, a veces hacia  dos veces el mismo plato, porque no me resultaba.   En general lo domestico no es mi fuerte, pero si Angélica no podía atravesar el puente, por la nieve, tenía que tomar mi librito y emprender mi aprendizaje fatal.   ¡Qué remedio!.

Mientras practicaba, veía por la ventana de la cocina, justo ante mi vista, un cerro con una cascada pequeña, que brotaba apenas un poquito de agua, como si cada día se fuese a acabar.   Yo lo contemplaba siempre, mientras cocinaba, y me decía “Mientras se mantenga ese chorrito, mantengo la esperanza de volver algún día a mi comunidad”, aunque Jimmy me repetía que allá estaríamos por siempre, que no me ilusionara por volver, era muy difícil que lo trasladaran a Santiago.   Pero yo, no hacía caso de sus palabras, mientras que fluyera el chorrito, guardaba la esperanza en mi corazón.  

Pero muchos días, me deprimía pensando que él tenía razón, tendríamos que vivir allá, para toda la vida y mis esperanzas desfallecían, ¡pero siempre volvían a renacer!.   Y así, lo pasé siete años asistiendo los sábados a la Eucaristía solamente, viajando cada fin de semana a Santiago, a casa de mis padres, con tres niños y dos gatos, y el auto repleto.   Era todo un acontecimiento, guitarra, flautas, bombo, etc..   Allá compartíamos con los hermanos y nos pasaban la Palabra que había sido anunciada el martes anterior, para que la leyéramos.

Con el paso de los años, estos viajes se hicieron más difíciles, a veces con muchos problemas, por la lluvia, la nieve, etc..   Luego vinieron los hijos y viajar embarazada se hacía más complicado aún.

Cada vez se me hacía más difícil la vuelta a Saladillo, empecé a sentirme deprimida y triste.   Algunos días no me hallaba contenta en ese lugar, recordaba la catequesis del Exilio del pueblo de Israel, sentía mucha nostalgia y no me acostumbraba a vivir tan apartada, siempre encerrada en la casa, poco compartía el entusiasmo de las esposas de los compañeros de Jimmy, que vivían viajando a Argentina a comprar carteras, botas, abrigos de pieles, autos, etc..   La verdad, yo no estaba para nada motivada con esas compras y viajes, no representaban ningún interés para mí.

Por más que lo intentaba no tenia entusiasmo para alegrarme con esas invitaciones y reuniones sociales donde me sentía fuera de foco.   Yo no usaba ni pieles, ni botas, ni abrigos de pieles, me sentía como pollo en corral ajeno, esas reuniones casi siempre terminaban para mí en un terrible dolor de cabeza.

Pero un día de tanto pensar, se me ocurrió organizar un grupo de matrimonios amigos que desearan asistir a unas catequesis en nuestra casa e invitar al sacerdote de Saladillo, para ver si tal vez se podía formar una comunidad catecumenal allá.

Al principio todo resultó estupendo, iban cuatro matrimonios a las reuniones, y se comenzaron a entusiasmar con la idea de las catequesis, pero lo curioso fue que el menos interesado en catequizar, fue el propio cura, que divagaba por cualquier temática, menos por la catequesis.  

Entonces, poco a poco, se fue perdiendo la finalidad de la reunión, me fui desalentando con esas reuniones, que terminaron siendo solo reuniones sociales y perdieron todo interés para mí.   Así fueron muriendo mis ímpetus catequéticos y se acabaron las reuniones.

Luego, que ya se había formado un pequeño grupo, que nos veíamos periódicamente, nos hicimos más amigos y cuando supieron que yo era educadora de párvulos, y ellos tenían hijos párvulos, se les ocurrió la idea, que pusiera un Jardín Infantil en nuestra casa, para sus hijos, que nos querían mandar al de la Escuela.   Ellos querían una educación mejor, ya que todos eran profesionales.  

Tanto insistieron, que finalmente me convencí, que como eran pocos, sería una “experiencia interesante” y acepte.   Hacia allá me encaminé.

Jardín Infantil Saladillo, una nueva experiencia educativa
Gianina y Pierina Andrei, Eileen, frente a la casa.

Comencé investigando la orientación que tendría mi Jardín, dadas las condiciones diferentes a los anteriores.   En nuestro primer Jardín “Juan Ramón Jiménez”, los niños eran hijos de comerciantes del barrio Patronato en su mayoría y del barrio Bellavista, en su mayoría artistas, donde formamos un grupo musical y de mimos extraordinarios.   Luego el Jardín N°1 de Conchalí (JUNJI) de personas de escasos recursos y con grandes falencias, ahí eran otras las urgencias y necesidades.   Aquí en cambio, mis alumnos eran hijos de profesionales universitarios quienes tenían otras expectativas para sus hijos de que fueran profesionales como ellos, no querían que asistieran al Jardín de la Escuela local, querían una educación superior.

Entonces, comencé a buscar que podría ofrecerme Saladillo para material de trabajo adecuado para estos niños.   Me encontré con la sorpresa, que existía un excelente material norteamericano, en venta a bajo precio en bodegas que se emplearon en la Escuela Básica.   Eran libros con láminas de historias con cuadros secuenciales donde un párvulo podría desarrollar su capacidad de deducción, imaginación, concentración, atención, creatividad, observación, o sea “desarrollar capacidades intelectuales” que respondían a las expectativas de sus padres.

¡ERA EL MATERIAL QUE ANDABA BUSCANDO! ¡UNA NUEVA EXPERIENCIA!

Este material fue de gran utilidad para el propósito de “no leer ni escribir”, solo desarrollar habilidades intelectuales.  

Estos niños comenzaron a demostrar un increíble interés por el conocimiento.   Para ellos, era un juego descubrir las historias siguiendo las láminas, era una fascinación detectivesca, ver quien adivinaba el desarrollo mejor, deducir el fin de la historia sin leer ni escribir.   Era un juego deslumbrante de adivinanzas, creatividad, rapidez visual, raciocinio lógico, como armar un rompecabezas.   A veces, cuando era difícil la historia, se transformaba en un juego aún más didáctico, en un juego “social” donde todos cooperaban en el descubrimiento de la historia, hasta deducir su fin.   Se reían, se felicitaban, se tiraban al suelo, ufanos de desentrañar el hilo de la madeja, se aplaudían y se sentían unos inteligentes detectives, orgullosos de ellos mismos.

Incluso algunos fanfarrones ponían a prueba a sus propios padres, para ver si ellos podían lograrlo, y se reían si a estos les costaba o no adivinaban, se burlaban y decían “¡pide ayuda al tío, como lo hacemos nosotros!” y se tiraban al suelo riéndose con sus padres.

Yo no sé para qué lo usaban los norteamericanos en la básica, pero le saque un impresionante provecho para mis párvulos.

Por supuesto que de este grupo, no salieron muchos artistas, como en el Jardín “Juan Ramón Jiménez”, que era un “Jardín Musical”, pero si, muchos ávidos de conocimiento intelectual y gran capacidad de deducción lógica.   Yo me maravillaba de comprobar cómo un párvulo es como una esponja que absorbe al límite, cuando se le dan las oportunidades de desarrollar sus habilidades, eran como un baúl de sorpresas sin fin.   A veces terminaba tan agotada las actividades de estos demandantes incansables, que lo único que podía hacer a las 18 horas era tirarme a la cama como un plomo, extenuada pero feliz.   ¡Cada día era un nuevo asombro para mí!.

Tan anhelante estaban algunos, que hasta HOY recuerdo, los azules y grandes ojos de Giannina Andrei, una alumna de tres años que ávida por llegar al Jardín, se venía antes de la hora de entrada, se metía a mi dormitorio, me despertaba, me daba un susto de espanto el verla, con sus ojos enormes sobre mí, y me decía “tía, despierta, quiero un libro”.   Yo como zombi, me levantaba de un brinco sobresaltada y le decía “pero Giannina, son las 8 de la mañana, todavía no es la hora”, pero tenía que pasarle un libro mientras me duchaba, para que ella se contentara.

Así fue como este pequeño jardín de 8 niños de pronto creció tanto la fama que le dieron estos padres orgullosos de sus hijos tan inteligentes, que comenzaron a llegar más niños, pero no podía recibirlos, no cabían ni yo daba abasto sola, pero insistieron tanto los padres, que compré una segunda mesa para otros 8 niños, abarcaban casi todo el living.   Hasta me buscaron una joven para que me ayudara.

Pero al final, como eran tan demandantes, terminé usando nuestro dormitorio matrimonial que era más grande y nos cambiamos con Jimmy a una pieza más chica, para dejar la matrimonial como sala de actividades para los niños, igual como hicieron nuestros padres conmigo y mi hermana cuando nuestro Jardín creció ellos nos cedieron su dormitorio y se trasladaron al comedor.  

Allí comprendí ampliamente como decía mi tío científico Gualo Guerra, quien investigaba el desarrollo del niño desde el útero hasta la edad de párvulo, que era un grave error enseñar a esta edad a los párvulos a leer y escribir, pensando que iban a ser más inteligentes, al contrario, esa era la edad ideal para el máximo desarrollo del niño, desde el embarazo hasta los 6 años, aprender a leer y escribir lo podrían hacer después rápidamente, ahora había que prioritariamente desarrollar aptitudes, destrezas, capacidades sensoriales, intelectuales, sociales, emocionales, creatividad, imaginación, capacidades afectivas, etc..   Los niños se desarrollarían en diversas direcciones, según el estímulo que recibieran y su dotación genética.    El decía “aquí hay que sentar los cimientos del niño de cero a seis años”.   A mí me tuvo como “Conejillo de Indias” de sus brillantes teorías, que yo seguí tal cual me indicó, y que me sirvieron para avanzar enormemente en la enseñanza de párvulos y creación de actividades adecuadas a sus capacidades.   No sé quien aprendía mas, si ellos de mí o yo de ellos.

Luego Jimmy compró un piano que estaba en Saladillo, así es que también tuvimos más actividades artísticas.

Me aboque a buscar todos los materiales adecuados al desarrollo de estos niños, venía a Santiago y buscaba y buscaba, lo que tenía en mente utilizar para desarrollar distintas actividades.   Al fin esta “Sala de Actividades” era como ir a Fantasilandía para los niños, había de todo lo imaginable: libros de cuentos, playmobiles, juegos de construcción, instrumentos de percusión, música ambiental, muñecas, soldaditos, granjas con animales domésticos, selvas con animales salvajes, pelotas, lápices para dibujar, tijeras, plasticina, disfraces, papel y pinceles para pintar, casitas, indios, canoas, rompecabezas, etc..

El problema era la hora de término: “NADIE SE QUERÍA IR”.   Todo para desarrollar la creatividad, hasta la nieve, se llevaban sus monos a sus casas y los guardaban en el freezer, para mostrárselos a sus papas cuando llegaran del trabajo.

Fue una experiencia muy gratificante y nueva.   Los apoderados no podían estar más satisfechos con los resultados.

Pero a pesar de todo, yo extrañaba mi comunidad, sobre todo en la noche, sentía nostalgia de mi madre que se enfermó de cáncer y yo necesitaba estar más cerca de ella y también de mí comunidad donde encontraba el consuelo y la fortaleza para soportar como ella, se consumía día a día.

Todas estas tristezas me fueron debilitando: “La lejanía de mi madre y el consuelo de mi comunidad”.


Rosa María


Mi madre Alicia, Felipe Bengoa y Rosa María



Rosa María vivía con mi mamá en Santiago, ella la trae desde Quirihue, del campo, a los 8 años.   Mi madre la envía a la escuela, donde manifiesta problemas de aprendizaje lecto-escritor.

En la escuela no saben atender su problema y la sientan en el último banco, sin preocuparse de ella.   Yo la llevo a Saladillo y le detecto una dislexia y me dedico a superar este problema tres a cuatro horas diarias, hasta lograr sacarla adelante y entra a segundo básico en la escuela de Saladillo y se queda a vivir con nosotros.   Luego de superado el problema escolar, me preocupé de sus hábitos alimentarios y de conducta con que venía desde Quirihue.   ¡Esa sí que fue una lucha! ¡Solo comía lo que le gustaba, odiaba la leche y el pescado, y muchos alimentos más, hasta que un día la pillé botando la leche en la puerta de calle!.   Pero cuando iba a la escuela, se pasaba antes a comer ciruelas y nueces verdes de los arboles de la plaza, y luego se enfermaba del estómago y al hospital.   Otro día tuvo un TEC cerrado, tirándose de un resbalín gigante.   En general ella era poco manejable en su conducta.   “Ella hacia lo que le daba la gana”.   Otro día se subió a una moto plástica de los niños y se lanzó cerro abajo, llegó toda moreteada, con la ropa inmunda, sin contar la moto que dejó de existir.   Terminó sus estudios completos en Saladillo, y luego estudio modas, pero no le gustó ejercerla.   En Santiago dio la Prueba de Aptitud Académica.   Cuando adulta hacia todo lo que le gustaba, de preferencia: gasfitería, jardinería, cuidar niños, cada vez que iba a comprar el pan conversar con el vecindario, hacer trámites, etc..   Luego entró al camino neocatecumenal y el mismo problema “no hacía mucho caso”, su responsable Pancho Rebolledo que era un santo la pastoreaba todo el tiempo.   Pero así es Rosa María, yo le debo muchos servicios en mi familia y sobre todo mucho amor.

Gracias Rosa María por ser como eres, Dios te creó, te amó como su creación perfecta.   Así te queremos  así debes quererte tu a ti misma, como eres.


Rosa María de adulta


Clases a niños con problemas de aprendizaje
Cuando Rosa María fue a la escuela y el Director Profesor Laforet supo que ella era disléxica y que yo la había tratado, y que tenía completamente superado su problema, me pidió que enseñara en la Escuela porque tenía muchos niños con este mismo problema y no hallaba que hacer con ellos.   Pero yo, como no tenia estudios certificados de especialidad me negué.   Además, no me alcanzaba el tiempo.   Pero el Director ante mi negativa insistió en mandarme entonces los niños a mi casa, para ayudarlos.   Me tocó el punto central mío: “la enseñanza a los más pobres”.   Lo pensé y le ofrecí un horario de dos horas diarias para atender niños disléxicos.   Total mi horario de trabajo se aumentó, apena alcanzaba a almorzar y a atender bien a mis propios hijos.   Tomé otra joven como niñera, para que me ayudara con mis hijos.

Tuve ocho niños disléxicos que respondieron muy bien al tratamiento y volvieron a la escuela con la dislexia superada, les apliqué el mismo sistema que usé con los Rovegno cuando yo tenía quince años.   El profesor estaba contentísimo e insistió en que trabajara en la escuela, pero yo viajaba constantemente a Santiago por mis embarazos, por mi madre, por salud de mis hijos, etc.   No podía abarcar tanto.   Lo último que me envió fue un niño que tenía rotacismo (problema con la letra R).   Le explique al profesor que no tenía idea de rotacismo, y como le había contado mi experiencia con los Rovegno, dijo sonriendo:”le digo los mismo que esa señora: haga lo que pueda”.   Entonces yo comencé a investigar el rotacismo y me esforcé en inventar ejercicios, hasta lograr ayudarlo considerablemente.

Al despedirme del Director, cuando me vine a Santiago, me dijo “ven a ver a tu alumno” y le dijo al niño “¿Cómo se llama tu papá?”, “Patricio” respondió el niño.   Yo me asombré de lo bien que pronunció la R.   “¡Lo logró, lo logró!” dije al Director.   Corrió a mí, me abrazó y dijo “¿Tía, no voy a volver a hablar mal?”.   Respondí “No, hablas muy bien”.   Lo abracé emocionada.   Me fui pensando “¡Si supiera el profesor, que ni siquiera conocía la palabra rotacismo y voy a trabajar en la escuela.!”.  “Si no sé ni como lo hice”.   Se me cayeron las lágrimas de emoción.
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miércoles, 1 de febrero de 2012

domingo, 11 de diciembre de 2011

Capitulos 71 y 72 Explicación al lector


Diciembre  2011
Solo comentaré como una pincelada, sobre el comienzo de un cambio radical en mi vida, provocado por estas catequesis que producen un impacto en mí. Catequesis a catequesis, eran una respuesta a tantas preguntas que yo me hacía en mi vida, sin respuestas.

Luego de formada la Comunidad, el conocimiento de la palabra de Dios, la Eucaristía, la Comunidad de hermanos, van iluminando mi actuar y voy descubriendo como Dios ha estado siempre cerca de mí, solo que yo no lo veía.

Voy descubriendo como El siempre estaba presente en mis acontecimientos, desde pequeña me iba guiando a través de mil formas, poniendo ángeles, personas que me ayudaban, y orientaban en el conocimiento de Dios.

Yo me preguntaba antes: “¿Señor, que quieres de mí?”.

El Señor me respondía de infinitas formas, solo que yo no me daba cuenta.

Desde los primeros capítulos de mi infancia, por ejemplo: “ante la muerte de mi primo Jorge, pregunto ¿qué es la muerte?, no obtengo respuesta. Y ante tantos sufrimientos angustias, tristezas, miedos, soledad, tampoco entendía.

En la adolescencia, siempre sintiendo una profunda soledad, aun no estando sola, que me llevó a consultar un psiquiatra, su respuesta fue “Usted se siente sola porque está sola”. La incógnita continuaba. ¡Tantas preguntas sin respuestas!. Sueños, fenómenos extrasensoriales, premoniciones, telepatías, desdoblamiento, etc., vivía con todo este miedo oculto, en el silencio de mi corazón, sintiéndome atemorizada, que nadie descubriera estas cosas que me pasaban y que yo no entendía. Angustiada y que no lo supiera nadie.

¿Qué es esto? ¿Será de Dios?. Vivía con dolores físicos, jaquecas, angustias, dolor en todo el cuerpo, ansiedad, dudas, miedos, todo sin entender.

Pero el Señor se tomó su tiempo, esperó hasta el día señalado, para darme estas respuestas a través del Camino Neocatecumenal, y me las continúa dando hasta hoy.

En el año 2009, el Señor me envía la ayuda de mis psicólogos Miguel Socias y Fabiola Soriano, que han colaborado en forma importante en la comprensión de los procesos psicológicos, emocionales, sueños, y otros fenómenos que ellos manejan. Un trabajo exitoso que duró dos años. Ellos además van analizando y comentando cada capítulo de mi blog para ayuda de mis lectores.

En resumen, comenzó para mí desde el año 1973, una nueva forma de vivir con un continuo dialogo con ÉL a través de la palabra de Dios, la oración, la Eucaristía y el amor a los hermanos. En los 80’ fuimos enviados con mi esposo y un equipo, a varias parroquias de Santiago, como San Saturnino, San Joaquín, San Francisco Javier, San Bernardo, Nuestra Señora de la Reconciliación, Emmanuel, para entregar lo recibido y formar comunidades del Camino.

Luego con la iluminación del Espíritu Santo, este dialogo con Dios Padre, día a día se va esclareciendo, va pasando por diversos estados: a veces de gran intimidad, a veces de rebeldía, de pecado, de frialdad, crisis, sequedad, paz, iluminación, amor, odio, similar al dialogo de dos personas que se están amando y conociendo día a día.

Estos dos capítulos son solo una invitación a mis lectores y lectoras, a buscar al Señor, “Si me buscas es que me tienes” dice el Señor.

El tiene un camino propio para ti, basta que tú los llames. Él te está esperando para llenar tu corazón de amor y jamás de fallará.

Y no es que Dios aparezca recién ahora, solo que uno no se da cuenta, que ha estado protegiéndonos y amándonos toda la vida. Nos toca, nos habla, nos acaricia, nos consuela, siempre.

Te invito a descubrirlo en el día a día.

Cuando dices tal vez “¡ah, mira qué casualidad!”, no nada es casualidad, es Dios que te ha tocado.

Con amor para mis lectores.
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De Izquierda a derecha Miguel Socías, Fabiola Soriano, María Antonieta Montecinos y James Parker